Terry Karl es profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford y es una de las mayores expertas mundiales en El Salvador. Ha leído casi 10 mil documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos sobre el conflicto armado. Fue citada como testigo experto en el juicio contra el capitán Álvaro Rafael Saravia por el homicidio de monseñor Óscar Romero. Ahí contó, a solicitud del juez Oliver Wanger, una de las versiones más completas y claras del conflicto que costó la vida a decenas de miles de salvadoreños. Estableció claramente las luchas intestinas de poder en el ejército, el modus operandi de los escuadrones de la muerte, la persecución sistemática de religiosos y las consecuencias del asesinato de monseñor Óscar Romero. Su testimonio, que ya había sido fundamental en el caso contra el coronel José Guillermo García y el general Eugenio Vides Casanova -ministros de Defensa salvadoreños durante la guerra civil-, incluyó también la presentación de evidencias provenientes de su archivo personal, fruto de continuos viajes a El Salvador en los años 80s y de reuniones con casi todos los líderes de opinión de este país, incluyendo varios encuentros con D’Aubuisson. Karl pasó tres días seguidos rindiendo testimonio en el caso. Ahora mismo es perita en la querella contra 14 militares salvadoreños y el ex presidente Alfredo Cristiani que se ventila en España por el asesinato de los sacerdotes jesuitas. En esta entrevista, Karl habla sobre los escuadrones de la muerte, sobre la impunidad y sobre la importancia de buscar la verdad y hacer justicia. Y explica por qué es importante esto último: “Si en un país hay impunidad para un crimen como el de monseñor Romero, la habrá para el tráfico de drogas, para el tráfico de armas, para lo que está pasando en Guatemala, en México…”
Veamos: en 1980 asesinan a monseñor Romero y usted describe distintos niveles de conocimiento sobre la operación…
Los millonarios de Miami, que están señalados por el cable de Robert White, y en los documentos del FBI y en otras investigaciones después, esa gente no va a sentarse con un militar de nivel bajo… mayor quizá, porque para la información que manejaba D’Aubuisson no era un mayor cualquiera. ¿Pero un capitán? ¡No! En este tipo de actividad un capitán quizá en su finca. Yo no voy a decirte que voy a hacer algo de este tamaño. ¡Mira la audacia de matar un arzobispo en América Latina! ¡Eso era audaz, nunca había pasado!… La audacia de pensar eso, una persona o un grupo pequeño de personas que van a pagar eso, que van a montar esa operación no van a hablar con la gente operativa a nivel bajo. Eso es lo que estoy diciendo.
Ubíquenos a D’Aubuisson… ¿dónde estaba él en la escalera?
Tomó una posición fuera de lo normal en la escalera, por algunas amistades que tuvo él, por su audacia, por su forma de pensar, porque D’Aubuisson era un maestro en la organización, no era solamente un ideólogo fanático del anticomunismo, sino un tipo que sabía organizar las cosas y además era un tipo que podía comandar la lealtad de mucha gente; eso es lo genial de él, comenzando con lo que él aprendió en el establecimiento de Orden y luego lo que aprendió en Taiwán y después lo que él aprendió con los argentinos. Yo tengo entrevistas en donde él dice que aprendió su forma de pensar en la organización necesaria de Taiwán y de Suárez Masón, que era un argentino que era la persona que montó casi todo el aparato de guerra sucia en Argentina. Ellos tuvieron una reunión.
¿Qué año? ¿Antes del asesinato de Romero?
No lo recuerdo bien. Está en mi computadora. La vinculación con los argentinos tiene que ser antes… porque eso comenzó con su participación en la Liga Anticomunista Mundial, en parte de América Latina y ellos ayudaron y pagaron a un argentino en la operación “Piña” para preparar documentos falsos, entonces esa vinculación la tenía él antes. En esta reunión, y en una conversación conmigo y con algunos periodistas de las que tengo yo las versiones originales, él habló de lo que él aprendió de el coronel Lao y de sus estudios en Taiwán. Recuerden que Taiwán era el centro de la Liga Anticomunista Mundial, que era la organización más grande y más importante ultraderechista, con redes por todas partes. Hubo entrenamiento de mucha gente del ejército salvadoreño en Taiwán, en la fuerza de inteligencia. Roberto d’Aubuisson aprendió mucho de esos, porque miró la forma en la que ellos hicieron su organización en Taiwán: un partido fuerte, vinculado a un aparato paramilitar. Ese es el modelo taiwanés. Él se quedó fascinado con eso porque funcionaba bien… un partido basado en un viejo aparato paramilitar. D’Aubuisson primero tuvo la idea del Frente Amplio Nacional (FAN), que luego llegó a ser Arena.
¿Cuánto de esto tiene a su base el homicidio del arzobispo? Usted nos decía que D’Aubuisson era un interlocutor válido con grupos de terratenientes, gente que miraba en monseñor Romero una amenaza…
Y coroneles, él tenía su liderazgo también dentro del ejército. El liderazgo es por rango, pero tú podías tener un coronel que no era líder. Por eso él tenía gente vinculada a él en el ejército, porque sabían que él tenía esa capacidad y además esa información. No era sólo líder, sino líder con información y en 79-80 la información era todo: ¿Quién era de la izquierda? ¿Quién era de la derecha? ¿Quién pertenecía a qué organización? ¿Quién estaba armado y quién no? ¿Qué grupo estaba haciendo eso o aquello? Su liderazgo era su capacidad personal, su posesión de información y después el hecho de que le atribuían la responsabilidad de matar a monseñor Romero. Para darles una imagen: recuerdo que estaba aquí haciendo entrevistas, no sólo para el caso de monseñor Romero en Estados Unidos, sino para el caso aquí, que hubo varios procesos que se abrieron y se cerraron. Yo estaba tratando de ayudar y tenía una gran cantidad de entrevistas. ¿Sabes cuántas personas me dijeron que eran el francotirador y que tenían la bala que lo mató? ¡Cinco personas! Había uno que dijo que había dado eso en un collar a su novia. Es completamente falso, por supuesto.
¿Lo hacían porque eso les daba prestigio?
Claro. ¿Me entiendes? Para decir lo que estoy diciendo hoy tuve que escuchar todos estos cuentos y darme cuenta de quién tiene la razón y quién no, quién decía la verdad. Era una cosa de orgullo.
Se ha expandido la idea de que D’Aubuisson es el asesino de Romero. Ayúdenos a redimensionar esa frase. ¿Usted diría que fue uno de los asesinos?
Yo estoy diciendo que él era jefe del equipo operativo y dio esa responsabilidad de operación a Saravia y a Molina. No creo que él hizo esto él sólo y con su dinero. Yo no sé quién tomó la idea original de matar a Romero. Tengo algunas ideas, pero no sé: por ejemplo, las personas que fueron a esas reuniones en el 78, 79 y 80, en la Liga Anticomunista, tenían toda la ideología como para que hicieran eso, porque además estaban admirando a los que estaban haciendo eso. Además estaban utilizando el mismo idioma de ellos. Yo tengo las amenazas y las frases son iguales en los distintos países. Yo puedo decirle quiénes fueron a esas reuniones y eran diputados, miembros del partido PCN, Adolfo Cuéllar, que fue asesinado, D’Aubuissón, José Francisco Guerrero… esos son los que recuerdo en este momento. Ellos vienen de varias partes del aparato, pero necesitaban dinero. La planificación de operación “Piña” costaba 40 mil dólares. Eso es caro. ¿De dónde iba a sacar ese dinero?
¿Cómo funciona esto? ¿Él busca quién financie sus operaciones, entre ellas matar a Romero, o hay financiadores buscando operativos que cumplan misiones?
No lo sé. En un caso jurídico tengo que estar segura de lo que estoy diciendo. Yo sé cómo funcionó después esa vinculación con el top financiero, que en una época eran llamados “los 14” y el ejército. En una parte de la historia de El Salvador mandaron los terratenientes, controlaron ellos, pero cuando hay guerra, el poder del ejército cada día crece. Al final de la guerra yo creo que el ejército y su cúpula de la Tandona, por ejemplo, tuvo mucho poder en este país. Al principio de la guerra, yo diría que con un ejército dividido en su liderazgo, que el poder estaba más con los empresarios y los terratenientes. Además, recuerda que no hubo ayuda de Estados Unidos, ayuda militar ni económica en ese momento. En esa época, al comienzo de la guerra yo creo que no había mucho dinero para un tipo, militar, que quería montar operaciones. Por eso tenía que buscar dinero, porque los militares no controlaban, después del golpe, el aparato del Estado. Robaron los archivos de Ansesal porque no podían garantizar el control de Ansesal. Ese era el momento: el momento en que mataron a Romero era un momento de tanta incertidumbre, de falta de dinero, de organizaciones preliminares, antes de la formación del FDR, antes de la formación de un ejército más eficaz, antes de todo eso… y por eso yo diría que aunque no se quién llamó a quién o quién tomó un ron con quién… yo diría que no se puede hacer eso sin las dos partes. No se puede. En esa época. Después sí. Eso es muy importante, porque la gente piensa en el Roberto d’Aubuisson que era candidato presidencial y no cuando era un mayor saliendo del ejército buscando su rol.
¿Para esas fechas usted es capaz de asegurar que el mayor Roberto d’Aubuisson seguía recibiendo salario del ejército salvadoreño?
Esa es la información que tuvimos. La obtuve de dos militares que estuvieron en posición de saber y que no tenían razón de decirme mentiras, que él estaba recibiendo su salario del ejército. Puede ser también que estuvieran hablando de su pensión, pero no dijeron “pensión”, ellos decían “salario”.
¿Eran militares retirados o de alta cuando le dieron esa información?
Yo recibí esa información hace años y estaban en posición de saber y eran activos en el momento en que hablaron conmigo y además me lo dijeron porque se sentían orgullosos de eso. Me dijeron en una conversación: “Pero es uno de nosotros” y yo repliqué que ya había sido expulsado y me dijeron que recibía su salario. La única forma de saberlo con certeza es abrir los archivos del ejército.
¿En Estados Unidos la CIA estaba al tanto de la intención de matar a Romero?
Yo no creo que Estados Unidos bajo (James) Carter aprobara eso. Yo sé -porque se ve en sus cables- que el embajador White tenía mucho miedo por Romero y le ofreció guardaespaldas y él dijo que no, que no podía mezclarse con la gente si tenía guardaespaldas de Estados Unidos. Era una preocupación de ellos y yo no creo en ninguna forma que, al menos el aparato formal de Estados Unidos, supiera de antemano.
Producto de estas reconstrucciones, en 1980, ¿cómo veían los Estados Unidos a monseñor Romero y a D’Aubuisson?
Roberto d’Aubuisson no era nadie en 1979, pero después de matar a monseñor Romero ya era alguien. En el caso de Romero, en la opinión de Carter, monseñor Romero era quizá la única fuente para evitar una guerra. La única persona que tenía la confianza de la izquierda, que podía hablar con al menos algunos grupos de la guerrilla y que podía hablar con grupos en el ejército. Inclusive cuando lo mataron los cables están llenos de: “ahora viene una guerra en serio”, porque si matan a un arzobispo pueden matar a cualquier persona. La audacia de eso era el fin de cualquier acuerdo, era obvio, nadie podía vivir seguro después de eso, nadie. De ahí comenzó una guerra en serio.
¿En los pasillos políticos de Estados Unidos se culpaba del asesinato a D’Aubuisson?
Poco después del homicidio, Estados Unidos, ya con la administración de Ronald Reagan, se da cuenta de que no podía sacar más dinero del Congreso para el ejército salvadoreño sin que en El Salvador hubiera elecciones. Es la famosa política de promoción de democracia de Estados Unidos. Y comenzó aquí, en El Salvador. Estados Unidos impone unas elecciones y una Asamblea Constituyente en el 82. Pero la elección para la Asamblea Constituyente la ganó D’Aubuisson. Estados Unidos quedó en shock. Pensó: “Si ese tipo es presidente durante el proceso de la Constituyente, nosotros no podemos sacar ni un centavo del Congreso”, porque efectivamente le atribuían la responsabilidad del asesinato de monseñor Romero. Por eso Estados Unidos forzó un acuerdo para que el presidente provisional fuera Álvaro Magaña. Fue una elección muy especial, en la que la persona que ganó no pudo ocupar la presidencia, y el presidente acabó siendo alguien que ni siquiera había sido candidato. Desde ese momento, y hasta el final de la guerra, Estados Unidos no podía permitir que D’Aubuisson llegara a la presidencia. Él fue un problema para Estados Unidos.
Ha dicho que Roberto d’Aubuisson consolida su carrera política sobre dos hechos: uno, el robo de los archivos de Ansesal, que lo convierten en un mayor diferente. Y dos, el asesinato de Romero, que le reposiciona.
Sí, lo reposiciona dentro de la derecha. Porque con o sin pruebas desde el inicio casi todos piensan que él ha tomado la decisión de matar a monseñor, y para la derecha eso es un acto de audacia, de liderazgo. Fue, desde su punto de vista, quien salvó la iglesia de los comunistas. Recuerdo una entrevista con el presidente de ANEP de aquel momento, en la que me dijo que Romero, cuando lo mataron, no era un sacerdote… porque los comunistas se habían llevado su alma. Me dijo que era el ayatola Romero, en referencia a Jomeini, hablaba de él lleno de odio. En un país católico, para un creyente, es importante convencerse de eso, de que a quien se ha matado no es un sacerdote.
Lo que dice es que la derecha del momento, igual que estaba luchando por salvar a la Fuerza Armada, que creían infiltrada por el comunismo, trataba de no perder el control de la Iglesia… Querían conservar la Fuerza Armada y la Iglesia, dos instituciones clave en el poder de las décadas anteriores.
Exactamente. Por eso el “Plan Banzer” incluía, y hay documentos que lo detallan, crear una base de información única en todos los países implicados, El Salvador, Chile, Argentina, Paraguay… para saber las opiniones de los sacerdotes, identificar si eran o no rojos, comunistas y expulsarlos. Y aunque no lo dicen expresamente, es obvio que, si no se iban del país, había que matarlos. Y recibe el nombre del dictador boliviano Hugo Banzer porque la oposición a su régimen vino principalmente de la Iglesia Católica en Bolivia, y él creó una estructura para expulsar o asesinar a sacerdotes. Ese es el modelo que adopta desde 1977 la Liga Mundial Anticomunista. Por eso hay asesinatos de sacerdotes también en otros países. Y aquí hubo más, porque en el cono sur esto coincidió con dictaduras ya establecidas, pero en Guatemala y El Salvador es un momento de incertidumbre política para las instituciones y poderes del estatus quo: ejército, iglesia, empresarios… Mira las fechas en que matan a sacerdotes aquí: Rutilio Grande, 77, los seis a los que mataron antes de Romero, 77, 78… en el 80 a Romero…
Habla de un D’Aubuisson extremadamente ideológico, que transita de ser un operador de grupos paramilitares a fundador de un partido político y candidato a la presidencia. ¿Cuánto de las organizaciones paramilitares están en la base de la creación de su partido político? ¿Separaba Roberto d’Aubuisson una cosa de la otra?
No, para él no estaba separado. Él tenía una visión, y tomó un modelo de acción política que se basaba en el partido y los grupos paramilitares al mismo tiempo. Es más: cuando en 1992 D’Aubuisson apoya a su manera los Acuerdos de Paz -porque pudo haber hecho una oposición muy fuerte, y no lo hizo, y eso es importante- fue porque entendía que ya no tenía necesidad del aparato paramilitar. Entendía que la democracia que se estaba fundando salvaba el país que él quería.
¿En qué sentido?
Una democracia no son solo las elecciones, sino que implica un estado de derecho, un aparato judicial independiente… Y D’Aubuisson creía que las cortes que salieran de los acuerdos no iban a ser independientes. Eso creía. Pensaba que esta iba a ser una democracia segura para él.
¿Dice que desde su fundación hasta al menos 1990, el partido Arena convivió de forma consciente con estructuras paramilitares, con la idea de combinar política y terrorismo?
Todos. En cierta forma también el PDC lo hizo. La diferencia es que en el caso de Arena la secuencia es paramilitares-partido, y el PDC fue un partido que en los 80s buscaba apoyo armado, y enfrentaba el problema de que la mayoría del liderazgo del ejército estaba con Arena y no con el PDC. Además, el PDC nunca trató de llegar a la verdad sobre el asesinato de monseñor Romero, porque les interesaba más usarlo como arma contra D’Aubuisson. Si te fijas, el caso siempre afloraba en época electoral… politizaron el caso.
Sí, pero el problema es que, si como dice, Arena se consolida en convivencia con un aparato de paramilitarismo, las gentes que coincidieron con D’Aubuisson en aquella etapa de institucionalización del partido, luego llegaron a la presidencia de la República: Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol… Y según usted, convivieron con aquella identidad dual de Arena.
¿Tú crees que la gente que formaba parte del Coena en los 80s no sabía que había escuadrones de la muerte que se organizaban y operaban desde la Asamblea Legislativa?
¿Tienes indicios de que lo sabían?
Solo te pregunto si crees que cuando en el 83, 84… yo sabía, Estados Unidos sabía, el embajador de Estados Unidos sabía que había escuadrones de la muerte que salían del Congreso de este país, si crees que es posible que el Coena no lo supiera…
¿Y cuál le parece entonces el camino lógico para que Arena enfrente dos o tres décadas después esta situación?
Quiero dejar claro que yo no estoy en El Salvador para dañar al partido Arena de ninguna manera. Yo estoy aquí para conmemorar el aniversario de la muerte de monseñor Romero. Este aniversario sí los daña, porque el nombre de su fundador aparece una y otra vez… y daña al ejército en cierta forma, porque se nombra a un mayor, a un capitán… pero una de las razones por las que en democracia se exige que funcione el estado de derecho es para transformar instituciones. No hay ninguna razón para que Arena no siga adelante, y una Arena que asuma cierta responsabilidad será, en mi opinión, más fuerte al final. Porque la gente que mata así… al final sus estatuas no se quedan. Nadie dice que el partido Arena decidiera matar a Romero. Hay gente muy decente en Arena, que trabaja muy duro y tiene otra visión para el país, y eso es bueno para El Salvador.
¿Y cree que la Arena que nació del anticomunismo, hiperideológica como lo es también el FMLN, puede hacer eso?
¿Pero dónde va a encontrar un comunismo al que enfrentarse ahora? Esa ideología ya no sirve.
Precisamente. Habla de una reformulación de sus principios. ¿Es posible eso sin desmontar el partido?
Claro que es posible. Muchos lo han hecho, en la izquierda y en la derecha. El partido comunista chino se está transformando. Y mira la derecha chilena: tuvo un problema enorme con la figura de Pinochet, no solo porque fuera un criminal a los ojos del mundo entero, lo cual es un problema para un partido que quiere tener amigos, sino porque era un corrupto, y acabó sabiéndose. Ellos creían que era un tipo como D’Aubuisson, que no era corrupto, pero descubrieron que la esposa de Pinochet, sus hijos, habían robado. Y tuvieron que distanciarse. Y bueno… aquella parte de la derecha chilena que se distanció de Pinochet acaba de ganar las elecciones.
En El Salvador a menudo pensamos que vamos demasiado lento, que han pasado 30 años y queda demasiada oscuridad sobre nuestra historia, que estamos demasiado lejos de la verdad y la justicia. ¿Es así? ¿Vamos demasiado lento?
Los únicos lugares que van rápido en este campo son aquellos en los que hay una victoria clara de uno de los lados… pero el problema es que en esos lugares se impone una cierta interpretación, porque la historia siempre la escriben los vencedores. Aquí, como en Chile, ha habido una transición pactada. El proceso va a ser más lento porque la memoria está vinculada a la política, y los militares necesitan un espacio para dar su punto de vista, por ejemplo. Ese espacio lo acaban creando los hijos de la guerra, o los hijos de las víctimas de la guerra. Y si solo miran hacia arriba diciendo “señor presidente, por favor, ¿nos cuenta nuestra historia?” esto va a ser más lento aún.
Los políticos nos dicen todo el tiempo que la verdad reabre heridas y que la gente prefiere mirar al futuro. ¿Qué le pasa a una sociedad cuando se enfrenta a sus fantasmas más oscuros?
Hay dos tipos de heridos. Hay heridas con la infección por dentro, y si no se abren, la infección camina. Si en un país hay impunidad para un crimen como el de monseñor Romero, la habrá para el tráfico de drogas, para el tráfico de armas, para lo que está pasando en Guatemala, en México… No hay democracia sana sin estado de derecho, y no hay estado de derecho si no se rompe la impunidad. Y romper la impunidad quiere decir ir hasta las personas con poder.