Manuel Alcántara: “Algunos medios de comunicación en El Salvador no están jugando limpio”

Este politólogo español cree que el apoyo de PDC y PCN a Arena no necesariamente decidirá quién gana la presidencial. Hay otras variables, dice, como la de la prensa. Una prensa, por cierto, con un sesgo en favor de Ávila y que llega hasta el insulto.

Por Alexis Henríquez. Redacción El Faro. net

Salamanca, España. Manuel Alcántara es un investigador español que conoce muy bien las democracias de los países de Latinoamérica, incluido El Salvador. Ha presentado dos informes que ilustran sobre la salud de las instituciones políticas del país -partidos, Asamblea Legislativa, Tribunal Supremo Electoral…- y se informa cotidianamente de lo que ocurre en el país. A su computadora llega todos los días un boletín de selección de noticias sobre esta nación centroamericana, y ahí llegan también boletines de la UCA y las encuestas del IUDOP.

Hace poco más de un mes, la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea determinó a partir de una vigilancia de 15 días, que en general los principales medios de comunicación de El Salvador no cumplen su deber de informar imparcialmente. Se decantan en favor de Arena y en contra del FMLN. A Alcántara le ha bastado leer la información que llega a su ordenador más la que encuentra en la web para sacar una conclusión similar.

Alcántara dice tener claro que en principio la alianza de los partidos de derecha puede favorecer las posibilidades de Rodrigo Ávila. Pero duda de la “disciplina” de los votantes de esos partidos como para obedecer una instrucción de votar por Arena. En el resultado, eso sí, será determinante el rol de la prensa, “que tiene un sesgo muy en contra de Funes”. Sobre la tesis de Arena de que un eventual gobierno de Funes pudiera seguir la trayectoria de Chávez, el académico español la rechaza. Por una razón sencilla, por una diferencia fundamental entre el escenario que tuvo Chávez y el que enfrentará el próximo gobernante salvadoreño: “Eso es matemáticamente imposible en El Salvador porque el Frente no tiene ni siquiera una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa.”

Las más recientes encuestas hechas públicas van desde la del IUDOP, que da 17 puntos de ventaja al FMLN sobre Arena, hasta la de El Diario de Hoy, que pone un empate. Con el resultado sorpresivo del 18 de enero en San Salvdor, ¿a quién beneficia la salida de los candidatos presidenciales de PCN y PDC?

Es muy difícil saber a quién beneficia o a quién perjudica. Creo que lo que se produce –y es la primera vez que en la democracia salvadoreña se da que haya solo dos candidatos– es un conflicto. El voto ideológico-programático, dentro de la famosa escala derecha e izquierda, sería el que confrontaría a un electorado de izquierda-centroizquierda frente a un electorado de derecha-centroderecha. Si nos dejamos guiar por las elecciones legislativas, ese resultado decanta un país más bien de centroderecha que de centroizquierda. Es decir, los resultados de las elecciones legislativas, aunque si bien señalan que El Salvador es un país multipartidista, las fuerzas de centroderecha son más que las fuerzas de centroizquierda. Entonces eso supone que hay un electorado más proclive a apoyar estas fuerzas de centroderecha que al centroizquierda. Desde esa perspectiva, las elecciones las ganaría muy claramente Ávila.

¿Pero?

Pero estas elecciones son algo más: son elecciones en torno a dos candidatos que detrás tienen proyectos que no solo son de izquierda y derecha –porque esa sería la lectura más simple–; sino que hay otra serie de elementos, por ejemplo: la idea de cambio. Por primera vez se puede producir -y las encuestas así lo dicen- una opción de que Arena no esté en la presidencia, algo insólito en la vida política salvadoreña en los últimos 20 años. Esto trasciende lo ideológico; es decir, puede haber electores que no sintiéndose de izquierda pueden estar cansados de un gobierno arenero y por eso decidan dar su voto al candidato Mauricio Funes. Ese eje es el que confunde el primero. Según el primero, bajo una lógica parlamentaria, está claro que Arena sería el partido en el gobierno; pero bajo una lógica presidencial, donde se está votando por un candidato u otro y por este tipo de componentes complementarios, podría ganar perfectamente Funes.

Aunque al retiro de los candidatos se agrega que se unen las fuerzas políticas de derecha.

Sí, pero se unen las cúpulas de las fuerzas de derecha. Lo que no me queda tan claro es que eso llegue al votante de la calle, que eso llegue al elector que vota PDC o PCN y éste pueda decir: “Mi diputado o el presidente del partido dice que vote por Arena”.

¿No es automático?

No lo es. Si bien es cierto -y yo así lo he definido-, lo ideológico tiene una presencia fuerte en El Salvador; hay un margen para, diríamos, la indisciplina. En cualquier caso, desde una distancia muy sana para hacer este tipo de opiniones, yo creo que quien mejor lo tiene, más fácil, es Ávila, por esto. Pero hay margen, Funes todavía tiene 10 días de campaña y entran una serie de elementos donde los medios de comunicación en El Salvador juegan un papel muy importante. Los medios de comunicación tienen un sesgo muy claro a favor de Ávila. O dicho de otra manera: tienen un sesgo muy claro en contra de Funes. Creo que algunos medios de comunicación en El Salvador no están jugando limpio.

¿Cuáles?

No voy a hacer de acusador con el dedo. Basta hacer una lectura de lo más liviana de la prensa salvadoreña, que es de lo que yo tengo acceso. Por desgracia, no tengo acceso a los noticiarios de televisión; pero hay prensa que insulta. Esa prensa que insulta no es una buena prensa, ni siquiera liberal, porque en el principio del liberalismo está el respeto a las personas.

Los medios de comunicación juegan un rol importante, dice. ¿Cuán determinantes pueden ser para el resultado electoral?

Son sobre todo fundamentales a la hora de polarizar aún más al país. No creo que ellos por sí mismos ganen o pierdan elecciones.

Y si llegan al insulto, como dice, ¿no corren el riesgo de que les salga el tiro por la culata porque la gente los castigaría?

Como he señalado, sus efectos son más sicológicos que efectivos. En este sentido, y para contestar con rigor, debería conocer la tasa de lectura de los periódicos en el país. Me parece que esta debe de ser baja y que los mensajes van a públicos que ya están convencidos; es decir, que leen lo que esperan leer.

¿Y qué poder de influencia probada tiene la prensa en la decisión del electorado?

Depende del tipo de sociedad.

¿La gente no capta que la están estafando con la información?

Repito la respuesta anterior y también está en función de la existencia de medios alternativos y con capacidad de hacerse oír. Lo evidente es que la sociedad salvadoreña cada vez es más madura.

Esa sociedad enfrentará un dilema en las urnas: según las encuestas, Funes tiene mejor imagen que Ávila, y Arena mejor imagen que el FMLN. ¿Cómo resolverá esto el votante?

Si la gente se deja llevar por banderas, yo creo que gana Arena; pero si la gente trasciende y va más allá de las banderas, si ve otro tipo de escenario, puede ser la posibilidad para Funes.

¿Puede influenciar en la elección presidencial el triunfo de Arena en la capital?

Creo que no. Lo mismo que no influyó antes; es decir, el triunfo del FMLN en la capital no influyó en que ganara las elecciones presidenciales. Si eso no influyó antes, creo que tampoco ahora. Digamos que la pérdida de la capital por el FMLN hay que verla desde una perspectiva de que los electores los han juzgado y los han juzgado mal porque han hecho una mala gestión municipal. Yo he estado en San Salvador hace poco y, digamos, que como un mero observador de cómo está la calle y tal me doy cuenta de que la alcaldía de San Salvador no ha hecho las cosas excesivamente bien. Entonces el votante los ha penalizado. Yo creo que esa es una lectura que hay que mirarla desde una perspectiva municipal porque lo mismo que Arena ha ganado San Salvador, ha perdido otros municipios importantes.

Usted cree, entonces, que Arena no capitalizará el 15 de marzo su triunfo en San Salvador, aún cuando Arena no ganaba la capital desde 1994 y aún cuando esto parece haberle subido los ánimos.

Es evidente que sí; pero el FMLN puede decir que han ganado una mayoría en el Congreso después de varios años. Lo van a usar, pero no lo veo como un argumento definitivo para la presidencial.

El resultado de San Salvador sorprendió a medio mundo porque las encuestas anunciaban otra cosa. ¿Qué factores analizaría un investigador como posibles causas de un resultado tan distinto al que mostraban las encuestas unas semanas antes?

Cuando empezamos la campaña electoral, prácticamente la crisis económica se miraba muy puntual, pero ahora la crisis ya lleva seis meses golpeando a los hogares salvadoreños, entre otras cosas porque el descenso de las remesas de los inmigrantes ha sido enorme y eso tiene un golpe brutal. Entonces este es un elemento nuevo, y que hace seis y ocho meses no estaba en las encuestas. También me parece que influye el hecho de que no haya por primera vez candidatos de otros partidos, aunque sean candidatos minoritarios y sin ninguna posibilidad; pero eran candidatos y que a lo mejor cada uno o entre los dos iban a arrastrar a un 20% ciento de los electores. Esos electores se han quedado huérfanos, y lo que tendrían que hacer en una segunda vuelta lo tienen que hacer ya para las elecciones del 15 de marzo; entonces están perplejos. Hay un cuerpo de electores que, como decíamos antes, las cúpulas de sus partidos les han dicho que tienen que votar por tal partido pero ellos no lo tienen claro. Entonces ese núcleo de indecisos es muy grande y eso se transmite en la variabilidad de las respuestas y, por consiguiente, en las encuestas.

A esos electores le apuesta los candidatos…

Sí, lógicamente, y es muy claro por la variación electoral de El Salvador que los dos grandes partidos tienen en torno a un 75% del electorado; pero hay un 25% que no lo tienen capturado y una gran parte votan a partidos que hoy apoyan a Arena. Pero, ya lo digo, si Funes es suficientemente atractivo para plantear un modelo que no es estrictamente frentista, sino propio, puede capturar a ese electorado. No nos olvidemos de una cosa, y esto me lleva al escenario poselectoral: si Mauricio Funes es elegido presidente, es un presidente en clara minoría en la Asamblea Legislativa. Este no es un caso insólito en la política latinoamericana, hay muchos otros casos. El señor Calderón, en México –por citar al país más grande próximo a El Salvador–, es un presidente que está gobernando sin una mayoría absoluta, porque recordemos que ganó con una mayoría relativa y encima cuestionada y además en el congreso no tiene mayoría tampoco; es la primera minoría. No sería un caso anómalo, podría gobernar pero teniendo que encontrar acuerdos parlamentarios para sacar adelante una legislación importante. Esto es bueno porque aleja cualquier veleidad –y entendamos lo que quiero decir– chavista. El miedo que la derecha tiene, por ejemplo, de una llegada del Frente al poder es que introduzca un comportamiento chavista siguiendo lo que se ha hecho en Bolivia o en Ecuador; eso es matemáticamente imposible en El Salvador porque el Frente no tiene ni siquiera una mayoría absoluta, ya no digamos una mayoría cualificada. Por consiguiente, el nuevo gobierno va a estar muy atado y eso es una garantía de instituciones democráticas y demás.

Ya que señala ese posible escenario, ¿qué podría ocurrirle a un partido como Arena, tras 20 años en el poder Ejecutivo, si pierde la presidencia?

Me atrevería a decir que no le debería de pasar nada. Arena me parece que es un partido sólido, lo mismo que es el FMLN, muy arraigado en la sociedad, con unos liderazgos sólidos. Por supuesto, hay divergencia entre los principales líderes de Arena o los ex presidentes. Yo creo que el futuro de Arena, si pierde las elecciones presidenciales, no es malo; pueden capitanear el legislativo, la oposición, y tener un papel muy importante, además de que van a gobernar la ciudad de San Salvador. Lo importante de la política de El Salvador -y lo he dicho muchas veces- es que es un verdadero juego pluralista: los distintos partidos políticos tienen distintos escenarios donde tienen poderes y controlan parcelas de poder; hay un equilibrio bastante sano entre ellos.

¿Y qué podría pasar en un FMLN que al parecer para acercarse tanto a la presidencia ha tenido que desligarse a varias posturas ideológicas históricas como desdolarizar, romper el TLC con Estados Unidos e incluso ya no buscan abolir la ley de amnistía?

Uno: la actual crisis económica barre con cualquier dogmatismo y con cualquier situación de decir no voy a hacer tal cosa; esto sirve para el Frente como para la derecha. Los ciudadanos latinoamericanos, esto lo dicen las encuestas de larga onda, apuestan por las necesidades de un Estado activo, que tutele una serie de políticas sociales, que proteja una serie de derechos, que tenga una cierta capacidad de control o de supervisión de la economía. Este es un dato que ARENA y el FMLN lo conocen y que ahí tiene que haber ajuste en los programas maximalistas. Incluso hablando, digamos, del amigo venezolano a un precio del barril del petróleo en torno a los cuarenta y tantos dólares no puede permitirse las alegrías que se permitió hace justo un año con el barril a 140 dólares. Y eso lo saben. La capacidad de Chávez de influir en la región está disminuyendo de manera muy notable. Dos: el Frente es un partido que controla a la mayoría de los ciudadanos a nivel local; es la primera minoría en la Asamblea. E incluso si ahora mismo, si se produce el triunfo de Funes, no es el triunfo del Frente. Esto no hay que olvidarlo. Yo estoy convencido de que en el gabinete de Funes, si llega a la presidencia, va haber ministros que no son necesariamente del Frente. Eso es lo que lo hace original al caso salvadoreño. No sería una victoria del partido; hay un componente personal muy grande, y eso lo ha dicho Funes desde el principio, manteniendo una distancia inteligente con respecto al partido.

Y si Funes pierde, ¿perdería por el partido?

No, esa es la ventaja para el Frente. El Frente ya ha ganado unas elecciones que son las legislativas. Es el primer partido del país. Ahora está yendo a otro partido en el que tiene un candidato que no es del partido, y que no lo es porque el mismo Frente no tiene candidatos del partido. Lo que el Frente quería con la nominación de Funes es buscar un espectro de la sociedad que nunca votaría a un frentista, digamos a un histórico, pensemos a un sucesor de Schafik Hándal; sino que buscaron a alguien de la sociedad civil que tuviera un cierto atractivo y que pudiera atraer a otros sectores. Entonces, en ese sentido, Funes es candidato del Frente pero no es “el candidato del Frente”. Ahí hay una diferencia muy sutil porque si pierde Mauricio Funes la responsabilidad hay que repartirla; hay una parte de responsabilidad de Funes y otra del Frente, y como consecuencia no toda del FMLN.

Hace un par de semanas señaló que ARENA ganaba porque el FMLN perdía sistemáticamente. Bajo el actual escenario, ¿se mantiene ese análisis?

Creo que sí. Costándome mucho, y en política esto es peligroso, creo que en esta carrera la eliminación de los dos candidatos y que se concentre el juego entre dos partidos perjudica más al FMLN que ARENA.

¿La derrota del FMLN colabora en repensar a la izquierda en El Salvador?

No sé si repensar. Creo que en El Salvador el modelo seguido es bueno: buscar a alguien fuera del partido que pueda captar otros sectores. Creo que, en el hipotético caso, la sociedad salvadoreña ha hablado. Habrá que ver los datos. Habrá que ver elementos que no son de desdeñar, y que a mí me producen cierta preocupación. Es una carrera muy apretada y tal vez por pequeñas cosas o pequeñas decisiones esto se decide. De alguna manera todos estos grupos que están surgiendo para hacer campaña electoral, sobre todo a favor de ARENA, son ilegítimos. La ley electoral prohíbe perfectamente esto, porque indica que solo los partidos políticos pueden pedir el voto. Toda esta gente que está apareciendo hacen un daño tremendo y el tribunal electoral lo está permitiendo. Me parece que el tribunal tendría que tener una capacidad más resolutiva. Y ya digo, este es un partido que se va a jugar hasta último minuto, hasta el día de las elecciones.


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