Gorila Golpista desprecia a sus detractores

Canciller golpista en Honduras desprecia sus detractores, confirmando la tesis de que el hablar no necesariamente califica a un ser como “humano”.

“Aquí no hay salida jurídica posible. La solución debe ser política”. La frase de un diputado hondureño en un diálogo con Clarín define con precisión el atolladero en el que se encuentra este empobrecido país centroamericano de poco más de 7 millones de habitantes. Y es que los atropellos legales han sido tantos, que un eventual retorno al poder del destituido presidente Manuel Zelaya deberá ser producto de un prolijo mecanismo de presión y negociación que deje a todos -o a casi todos- con las manos llenas o al menos no tan vacías.

El diputado -del Partido Liberal, no muy “zelayista”, pero opositor al golpe- prefirió guardar su nombre en reserva para no entorpecer las negociaciones que está llevando adelante entre sus pares para, precisamente, encontrar una salida a esta crisis.

“Deberá haber una sólida presión política de la comunidad internacional para hacerle entender al actual gobierno que no hay ninguna posibilidad de que sea reconocido y que va a llevar al país al aislamiento no sólo político, sino también económico”, explica a Clarín. Y que el retorno al poder de Zelaya es una condición que no se negocia. De allí en adelante, todo puede ser posible.

Hasta hoy, el gobierno de Roberto Micheletti parece no haber tomado nota de la virulenta reacción internacional en contra del golpe y cree que con los apoyos internos -en particular de los grandes grupos económicos, los medios de comunicación y las marchas en su favor- podrá jugar al desgaste de la presión internacional, con el objetivo de llegar a las elecciones de noviembre próximo y a la asunción del nuevo gobierno, en enero de 2010.

Si eso ocurriera, dijo a Clarín una alta fuente de la cancillería hondureña, no habría ningún motivo para que la OEA y los organismos internacionales dejen de reconocer al presidente electo y levanten las eventuales sanciones.

El diputado -que trabaja con un grupo de sus pares, incluso algunos que votaron la destitución de Zelaya y ahora comienzan a retroceder- plantea que el retorno del derrocado presidente debe ser con condiciones, para “todos los bandos en disputa”.

Para ellos, Zelaya debe asumir públicamente que abandonará por completo cualquier intento de reflotar el referéndum que permita reformar la Constitución para forzar una posible reelección, el argumento esgrimido por Micheletti y compañía para dar el golpe, aunque luego comenzaron a admitir que el giro a la izquierda de “Mel” era lo que los preocupaba.

También -sostiene este grupo de diputados- bajo la supervisión internacional Zelaya debería convocar a un gran acuerdo nacional, al diálogo y a la pacificación del país. Pero lo que es más importante -afirman- es que en ese marco debe haber un “blanqueo político” de lo que ha ocurrido hasta ahora.

Esto significa que deberían suspenderse las órdenes de captura contra Zelaya, pero también que habrá garantías para los golpistas de que no afrontarán consecuencias por el despropósito que cometieron el domingo pasado.

Con todo, en este escenario deberán rodar cabezas y las primeras en la fila deberían ser las de Micheletti y la del jefe de las fuerzas armadas, el general Romeo Vásquez Velázquez, el hombre que encabeza una fuerza que a punta de pistola y en pijamas sacó a Zelaya de su casa y lo mandó a Costa Rica en un avión.

Otra posibilidad que baraja este grupo -y que también analizan diplomáticos de la región acreditados en Honduras- es que regrese Zelaya y se adelanten las elecciones unos meses, para descomprimir la situación y que el nuevo presidente -que no será zelayista ni mucho menos- comience una nueva etapa.

Todos estos escenarios implican racionalidad y cierta capacidad de negociación, algo que por el momento no ha demostrado el gobierno de facto de Micheletti, aunque habrá que ver qué ocurre desde el sábado, cuando venza el ultimátum de la OEA.

Con todo, los golpistas dejaron en claro su posición el lunes, por boca del nuevo “canciller”, Enrique Ortez Colindres. Cuando en un popular programa periodístico de la TV hondureña le preguntaron por las reacciones internacionales frente al golpe de Estado, dijo sin reparos que no le atribuía importancia alguna a la OEA y a “los otros grupitos que andan por ahí”, le pidió a José Luis Rodríguez Zapatero que “vuelva a sus zapatos” y aseguró que no iba a hablar de El Salvador “porque no vale la pena hablar de un país tan chiquito, en el que no se puede jugar al fútbol porque la pelota se cae a otro país”. Pero fue por más al definir al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, como “ese negrito que no sabe nada de nada”.

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