Honduras más pobre y sin ayuda tras golpe de Estado

Honduras más pobre sin ayuda tras golpe de Estado

Niños de una escuela en Honduras hacen fila esperando su porción de arroz con leche y, mientras, sus maestros se preguntan si podrán seguir dándole la merienda cuando sea cortada la ayuda internacional en rechazo al Gobierno instalado en el país tras un golpe de Estado.

La crisis política y la condena internacional desencadenada tras el derrocamiento de Manuel Zelaya el 28 de junio fue seguida por la amenaza de duras sanciones económicas, que podrían poner en jaque al país más pobre del continente americano después de Haití y Nicaragua.

Desde entonces, ha tratado de buscarse una salida a la crisis política mediante una mediación internacional. Pero los esfuerzos han fallado y el fin de semana naufragaron negociaciones en Costa Rica.

Ahora, los interrogantes sobre el futuro de Honduras se multiplican.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dijo recientemente que la crisis política desencadenada tras el golpe de Estado ya afecta a los más de 3.5 millones de niños hondureños.

Para los que asisten a la Escuela Roberto Sosa en Tegucigalpa, el conflicto podría traducirse en no acceder al plato de comida que reciben bajo el programa de “Merienda Escolar”, uno de los tantos beneficios que podrían verse afectados por las restricciones de ayuda internacional.

“Para muchos niños, éste es el sustento alimentario diario”, dijo Mario Bravo, director de la escuela enclavada en un distrito de Tegucigalpa, mientras observa las bolsas de arpillera con frijoles, maíz y harina apiladas en un aula.

Los alimentos, que han llegado ahí a través de Naciones Unidas y el Gobierno hondureño con fondos de organismos multilaterales que ahora están en suspenso, son dados a las madres de los alumnos que se turnan para cocinar en el curso.

El Gobierno de facto ha garantizado que continuará dando fondos para este programa y asegura que puede resistir, apostando a que la presión externa se suavizará después de los comicios previstos para noviembre y a que el presidente que asuma en enero podrá negociar la vuelta de las ayudas.

Sin embargo, muchos colegios temen que los fondos que reciben dejen de llegar ante la difícil situación económica.

“El Gobierno depende de estas ayudas. Es tremendo, aunque no se vea, todo esto repercute directa o indirectamente”, dijo Antonio Quetglas, un cura español de 78 años que lleva casi medio siglo en Honduras coordinando centros de asistencia en la ciudad industrial de San Pedro Sula y en Tegucigalpa.

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