Seguidores de Zelaya, exhaustos y hambrientos

El hambre, el cansancio y la incertidumbre campean entre los seguidores del depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, que permanecen en precarias condiciones en albergues improvisados de la ciudad nicaragüense de Ocotal.

Son hombres y mujeres que llegaron al puesto fronterizo de Las Manos sin más que la ropa que llevan puesta, sandalias plásticas o zapatos desechos.

En dos albergues en Ocotal, El Paraíso y Los Quinchos, cerca de un centenar de personas no había comido hasta las 10 de la mañana del domingo. Tampoco tienen medios para asearse o cambiarse de ropa.

“No tenemos dónde dormir (…) estamos sin nada, ni siquiera un cartón para acostarnos”, dijo Pablo Pérez, un agricultor de Colón que pasó la noche en el parque de Ocotal.

“Si pudiera regresar me iba, porque no le dejé comida a mi familia. Pero no podemos regresar porque nos van a acusar de traidores por cruzar la frontera”, agregó el campesino hondureño.

La mayoría de los congregados en Ocotal, unos 200 –aunque sus dirigentes aseguran que son cerca de mil– llegaron confiados en que el regreso de Zelaya a Honduras sería cosa de pocos días.

Para “la resistencia” al golpe –según la denominación que sus dirigentes dan a estos seguidores de Zelaya– el depuesto mandatario no tiene más opciones que ingresar a su país con el apoyo popular.

“Se están agotando todas las instancias. La única forma es que [Zelaya] entre con su pueblo”, estimó Eduardo Granados, de Olancho, en el suroeste de Honduras, pero admitió que no cuentan con la cantidad suficiente de personas para entrar por la fuerza.

“Nuestra recomendación es que el Presidente ingrese. Hay que arriesgarse, hay más gente que está llegando desde Honduras”, dijo Granados, quien reconoció que “no tenemos la logística y necesitamos más apoyo del lado hondureño”.

Según reportes de la agencia EFE, las Fuerzas Armadas de Honduras expresaron el domingo su respaldo a una solución negociada, en el marco de la mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, a la crisis política del país.

Sin embargo, aclararon, en un comunicado, que esa solución tendrá que ser apegada a “la Constitución y las leyes”, en línea con lo planteado por el Gobierno que preside Roberto Micheletti, designado por el Parlamento para sustituir a Zelaya el día de su defenestración, el 28 de junio.

Arias propuso el miércoles pasado, en el Acuerdo de San José, la reinstalación condicionada de Zelaya, amnistía política, adelanto de las elecciones de noviembre próximo, una comisión de la verdad y verificación internacional, entre otros puntos.

Mientras, Zelaya permanecía el domingo por tercer día consecutivo cerca de la frontera entre Nicaragua y Honduras en Ocotal, desde donde prometió no ceder.

“Vamos a mantener la resistencia, estamos planificando (…) Hoy estamos aquí, el día a día”, declaró Zelaya desde el hotel donde se hospeda en Ocotal.

Por su parte, el presidente costarricense Oscar Arias afirmó al diario español El País que la presencia de Zelaya en la frontera “no ayuda a la reconciliación”, aunque insistió en que cualquier acuerdo “pasa por restituirlo como presidente”.

Zelaya anunció el sábado que instalarían campamentos y darían comida a la gente que está llegando, durante un mitin a escasos metros de la línea fronteriza, donde militares y policías se han retirado hacia territorio hondureño.

La tranquilidad en Ocotal, a 200 kilómetros de Managua, se ha visto trastornada por el constante ulular de las sirenas de la policía que protege a Zelaya. Aunque algunos pobladores ven con cierto recelo a los recién llegados, otros se muestran solidarios ofreciéndoles un baño o una taza de café.

Después de tres días en Ocotal, Zelaya no ha definido su estrategia. Sus seguidores dicen que sólo él sabe lo que sucederá y destacan que el presidente “es muy impredecible”.

La esposa de Zelaya, Xiomara Castro, sus hijos menores Hortensia y José Manuel, además de la madre y la suegra del mandatario, partieron desde la capital hondureña en dos vehículos el viernes hacia Las Manos. Al cierre de esta edición las fuerzas armadas les habían impedido llegar a la frontera.

“Llevamos como 50 horas esperando que nos abran el paso. Nos dijeron que eran órdenes estrictas de Micheletti” no dejarnos avanzar, declaró a la AFP Hortensia Zelaya.

En tanto, cientos de camioneros centroamericanos quedaron atrapados en el lado nicaragüense de la frontera. Nicaragua mantiene abierta la frontera pero el toque de queda y los retenes militares en el lado hondureño paralizaron desde el jueves el cruce de personas y carga por Las Manos.

La ruta que cruza Las Manos es vital para el comercio centroamericano porque conecta la zona sur de Centroamérica (Panamá, Costa Rica y Nicaragua) con los puertos caribeños del norte de Honduras, desde donde se embarca la carga hacia Norteamérica y Europa.

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