Lluvia significa muerte en El Salvador

Las inundaciones por el huracán Ida, que se han cobrado 130 vidas y decenas de desaparecidos, dejan un paisaje desolador y cuantiosas pérdidas.

 

Tragedia en El Salvador

Los ancestros de la región que hoy ocupa El Salvador eran de origen maya, en cuyas ceremonias danzaban y oraban para pedir a sus dioses que cayera la lluvia, símbolo de vida. Paradójicamente, en la actualidad la lluvia se ha convertido en un signo de muerte. La que trajo consigo el huracán Ida y se precipitó sobre el país entre la noche del sábado y la madrugada del domingo ha dejado hasta el momento 130 muertos y 49 desaparecidos, confirmados con datos oficiales, según las autoridades locales que ayer recorrieron las zonas afectadas; entre ellas, el presidente del país, Mauricio Funes, que llegó en helicóptero al municipio de Verapaz, cuya población ha sido duramente castigada por los deslaves del volcán Chinchontepec.

El Chinchontepec, en la provincia central de San Vicente, fue hace 20 años escenario de la guerra civil salvadoreña, pero este conflicto armado, que duró 12 años, nunca causó el desastre físico que ahora se observa en Verapaz. “Ni siquiera en los terremotos de 2001 este pueblo quedó tan diezmado como ahora”, explicaba ayer a EL PAÍS, un ex guerrillero que ahora es responsable civil en la alcaldía del municipio.

Los muertos pueden aumentar y también lo harán las consecuencias a nivel económico. El ministro de Agricultura, Manuel Sevilla, recordaba que en la zona más afectada por las lluvias se siembra el 40% de los granos básicos de todo El Salvador. El mismo Chinchontepec es una zona de cultivo de café, uno de los principales productos de exportación de El Salvador.

Seis provincias han resultado las más afectadas: La Libertad, San Salvador, Cuscatlán, La Paz, San Vicente y Usulután, ubicadas en el centro del país. De los daños materiales y económicos no se tienen datos aún; habrá que esperar a la llegada de una misión evaluadora de la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Las carreteras en estas provincias están dañadas, con deslaves y desprendimientos de rocas que sólo se pueden remover con palas mecánicas.

A pesar de la destrucción en las carreteras, cuadrillas de trabajadores del Ministerio de Obras Públicas (MOP), con ayuda de los habitantes de los pueblos afectados, ya están removiendo árboles y postes caídos. Cisternas de agua y camiones con víveres y ropa han comenzado a llegar a los lugares más dañados, pero la normalidad no ha llegado aún.

Los estragos son evidentes. Las imágenes aéreas que se muestran en la televisión revelan el desastre: las montañas y los volcanes presentan grandes cicatrices que en realidad son deslaves y nuevos ríos que se formaron a consecuencia de las intensas lluvias.

“En cuatro horas cayó tanta agua como la que cae en épocas lluviosas o en temporadas huracanadas”, dijo Herman Rosa Chávez, ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), un récord que, según explicó, no tiene precedente histórico.

Los datos provisionales hablan de 209 viviendas totalmente destruidas y 1.835 con algunos daños, además de 356 árboles y 28 postes eléctricos caídos. También se sabe que las lluvias causaron 108 deslizamientos de tierra en distintos cerros o montañas y volcanes. Por otra parte, se han habilitado 87 albergues donde están refugiadas más de 10.000 personas, en especial mujeres, ancianos y niños. Los hombres y jóvenes remueven escombros y rocas para buscar a los desaparecidos o han quedado al cuidado de las pocas cosas que el agua no se llevó.

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