A 20 años de la ofensiva

Hoy, hace 20 años, los grupos guerrilleros que integraban el FMLN trasladaron la guerra del campo a la ciudad y atacaron San Salvador en una ofensiva que buscaba tomarse el poder por las armas, dejando al final de 14 días de combates con el Ejército miles de civiles muertos, además de las bajas militares e insurgentes.

Desde la madrugada de ese sábado 11 de noviembre de 1989, los grupos avanzaron sigilosamente desde la periferia de la ciudad y del interior del país, para formar un cerco. En municipios como Soyapango, Apopa, Mejicanos, Ciudad Delgado, los guerrilleros ya habían tomado posiciones.

La misión era atacar sitios estratégicos como los cuarteles militares, la Fuerza Aérea, el Estado Mayor de la Fuerza Armada, la Residencia Presidencial y la colonia Escalón.

Pero el Ejército que ya estaba prevenido de movimientos sospechosos, sin imaginarse la magnitud, se preparó para contrarrestar lo que la guerrilla pretendía fuera la “batalla final”.

Esa ofensiva que la guerrilla denominó Hasta el Tope se gestó en Nicaragua, según contaron años después los mismos comandantes efemelenistas que la fraguaron en Managua, donde la comandancia general del FMLN tenía su centro de operaciones.

En 2004, Joaquín Villalobos, ex comandante guerrillero, declaró a El Diario de Hoy que “el principio que planteamos era penetrar la ciudad y fortificarnos en las zonas populares”.

De esas zonas populosas se valieron para festejar falsos cumpleaños, bodas y bautizos con la idea de esconder las armas que no sólo usaría la guerrilla, sino que pretendían que la población también las tomara y aquello se convirtiera en una insurrección popular. Fue un mal cálculo.

La gente tuvo miedo, no se atrevió a empuñar las armas y muchas fueron encontradas en abandono después de la ofensiva.

Colonias enteras emprendieron el éxodo para no quedarse en el fuego cruzado. Eso dejó sin resguardado a los grupos armados que, luego de dos semanas, mejor se retiraron.

un efecto colateral

Dos días antes de la ofensiva en la capital, a miles de kilómetros el Muro de Berlín, en Alemania, había sido derrumbado lo que significó debacle del comunismo.

Eso habría impactado “ideológicamente” al FMLN, afirma Alfredo Cristiani, quien en junio de ese año había ascendido a la silla presidencial y dos décadas después funge como presidente de ARENA, partido que en aquel entonces se estrenó en el poder.

Pero la afirmación de Cristiani la refuta Benito Lara, ex guerrillero que estuvo destacado en la zona de Guazapa, al norte de San Salvador.

Lara, hoy diputado oficialista, asegura que “cuando unos se derrumbaban, nosotros estábamos en la cúspide”, por lo que piensa que no es cierto que la caída del Muro de Berlín les haya desmoralizado, aunque eso significara que ya no tendrían el mismo flujo de armas que provenían de la ex Unión Soviética a través de Nicaragua.

En cambio, Facundo Guardado, otro ex comandante guerrillero, relató en 2007 que “la guerra ya no daba para más… la caída del muro de Berlín tuvo un enorme impacto en los nuestros. Nadie esperaba que fuera tan acelerado”. Eso presionó a la guerrilla a atacar la ciudad y luego buscarían una salida negociada.

En parapetos distintos

Ahora, 20 años después, el FMLN está en el poder sin necesidad de hacerlo por la vía de las armas, ya que los Acuerdos de Paz que se firmaron en 1992 les permitieron incorporarse a la vida política y ser un partido, hoy en el oficialismo, mientras ARENA se desempeña como partido de oposición.

Es desde esas trincheras que ambos grupos políticos reflexionan sobre su presente.

En el FMLN indican que sus objetivos no se han difuminado en el tiempo y que haber firmado la paz sólo fue un cambio de estrategia “para transformar el país”, pero que hoy que están en el poder van a retomar la asignatura pendiente, dice Benito Lara.

Del lado de los areneros, también creen que el partido de izquierda nunca renunció a sus propósitos, aunque esta vez se podría valer de las herramientas democráticas para “tomar el control del Estado”, tal como expresa Cristiani (ver entrevistas). 1. En mejicanos

La Cruz Roja evacuó a los vecinos, luego de los bombardeos contra la guerrilla.

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