Primeros argumentos en el juicio a Posada Carriles

El anticastrista Luis Posada sale de la Corte Federal de El Paso, Texas (EEUU). donde comenzó el juicio en su contra con la selección del jurado. El proceso continuará el próximo martes con la presentación de los argumentos por parte de la Fiscalía Federal de Estados Unidos. Los manifestantes, conformados por 19 residentes de Los çngeles, California, arribaron con el fin de apoyarlo en el proceso judicial.
El anticastrista Luis Posada sale de la Corte Federal de El Paso, Texas (EEUU). donde comenzó el juicio en su contra con la selección del jurado. El proceso continuará el próximo martes con la presentación de los argumentos por parte de la Fiscalía Federal de Estados Unidos. Los manifestantes, conformados por 19 residentes de Los çngeles, California, arribaron con el fin de apoyarlo en el proceso judicial.

HéCTOR MANUEL CASTRO / EFE
Por JUAN O. TAMAYO
jtamayo@elnuevoherald.com

EL PASO, Texas — Para la fiscalía, el juicio de Luis Posada Carriles es un simple caso de mentir bajo juramento. Para la defensa, es una “papa caliente política”.

Entre estas dos opiniones está un supuesto espía cubano que recibió mas de $150,000 del Buró Federal de Investigaciones (FBI), un exiliado que supuestamente salió con la hija de Fidel Castro, y un escrutinio estilo Bill Clinton del significado legal de palabras como “organizar”, en este caso, un atentado con explosivos.

Las declaraciones iniciales ante el jurado por parte de la fiscalía y la defensa el miércoles dejaron en claro que el proceso contra Posada, de 82 años, un inveterado enemigo de Fidel Castro y ex operativo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), hará bastantes olas.

Ante una audiencia sorprendentemente escasa, de unas 40 personas, el fiscal Timothy J. Reardon III, empleó un tono de voz calmado y sólo la mitad de su tiempo asignado de 60 minutos para exponer los cargos contra Posada y las pruebas que él presentará.

Posada “puede hacer lo que quiera contra el régimen cubano [. . .] pero este es un caso que, en su base, en su esencia, tiene que ver con mentiras”, declaró Reardon, quien trabaja en la Sección de Antiterrorismo del Departamento de Justicia en Washington, D.C.

Posada enfrenta 11 cargos relacionados con mentir bajo juramento cuando alegó haber entrado a Estados Unidos a través de la frontera con México en el 2005; cuando negó haber jugado papel alguno en una serie de atentados con bombas en La Habana en uno de los cuales murió un turista italiano; y cuando negó tener un pasaporte guatemalteco falso.

Reardon dijo que probaría los cargos llevando al banquillo a varios testigos, entre ellos a Gilberto Abascal, un exiliado cubano que testificará que Posada fue llevado de contrabando de la costa caribeña de México a Miami a bordo del antiguo barco camaronero Santrina.

También presentará a Ann Louise Bardach, una autora que escribió que Posada había confesado su participación en los atentados de La Habana en una entrevista que él le concedió a ella en 1998.

El jurado no sólo escuchará el testimonio de Bardach, quien escribió notas sobre la entrevista que se publicaron en el New York Times, sino que además escuchará fragmentos de las grabaciones que ella hizo de las entrevistas, señaló Reardon.

Tras hacer sólo pocas referencias a los vínculos del caso con Cuba, Reardon cerró su intervención regresando a su argumento principal, citando unos versos de Walter Scott: ‘‘Oh, qué red de confusión nos creamos / cuando empezamos a mentir”.

El abogado de la defensa Arturo V. Hernández, en un discurso inicial más animado y largo, mencionó repetidamente a Cuba y describió a Posada como “un aliado de toda la vida de nuestro país”.

Posada fue un “agente encubierto de la CIA durante la Guerra Fría”, y parte de la línea de suministros ilegales del coronel Oliver North para los guerrilleros antisandinistas “contra” en Nicaragua, señaló.

Según Hernández, Posada “es inocente de todas y cada uno de los cargos”, y solamente fue acusado porque dejó mal parados a varios funcionarios estadounidenses cuando celebró una conferencia de prensa en Miami poco después de llegar a Estados Unidos en el 2005.

“El es una papa caliente para el gobierno”, agregó Hernández.

En cuanto a su estrategia de defensa, Hernández indicó que iría desde negaciones rotundas de algunos de los cargos a refutaciones legales de otros y ataques a la credibilidad de las pruebas de la fiscalía.

Posada no mintió bajo juramento a los funcionarios federales de inmigración, dijo Hernández, “porque él dijo la verdad. El dijo esencialmente la verdad”.

Los cargos de que Posada mintió acerca de “solicitar” y “organizar” los atentados en La Habana se refieren a palabras que él describió como “términos técnicos”, palabras que tienen significados muy específicos en el contexto legal.

Posada tampoco asumió la responsabilidad de los atentados con explosivos en la entrevista con Bardach, añadió Hernández, sino que le concedió la entrevista “porque su papel era el de dar publicidad” a los ataques y ahuyentar de Cuba a los turistas extranjeros.

Alegó que las grabaciones de la entrevista de Bardach “no son auténticas” –tienen 16 secciones borradas, una de ellas de más de cuatro minutos de duración–, y que ella ha criticado repetidamente al exilio cubano. Hernández describió a Bardach y al New York Times como “prejuiciados”.

Abascal, un miembro de la tripulación del barco Santrina, negó inicialmente que Posada había estado a bordo del mismo cuando tocó puerto en Miami, pero cambió su historia pocos días después de que el FBI lo contratara como informante pagado. Ha recibido más de $150,000 hasta la fecha, señaló Hernández.

De acuerdo con Hernández, Abascal es además un espía de Cuba que ha tenido al menos seis contactos con agentes de la inteligencia castrista, sufre de problemas de salud mental y cometió perjurio en su propia solicitud para obtener la ciudadanía estadounidense.

Otro cubano exiliado, Antonio Alvarez, que se espera testifique haber visto explosivos en una oficina de Ciudad Guatemala que compartió con Posada, supuestamente tuvo unas citas con una hija de Fidel Castro –Hernández no mencionó el nombre de ella– y contactos con el gobierno cubano.

Hernández se las arregló para mencionar a los jurados en términos generales que ellos deberían sospechar de toda prueba cubana en contra de Posada que presente la fiscalía, debido a que el gobierno de los Castro miente con regularidad y considera a Posada su principal enemigo en el exilio.

“El ha sido perseguido por ellos”, subrayó Hernández. Las pruebas cubanas, relacionadas aparentemente con los atentados de La Habana y unas actividades en Guatemala, son por lo tanto “pruebas simplemente malas, poco confiables”.

La jueza de distrito federal Kathleen Cardoen afirmó que ella podría permitir luego a Hernández presentar más detalles –él quería mencionar nueve instancias específicas de supuestas mentiras– pero sólo si él presenta primero pruebas duras de que el gobierno cubano ha mentido.

Casi inadvertido en medio de los argumentos iniciales estaba el propio Posada, vestido con un traje marrón y escuchando la traducción simultánea al español del proceso por medio de unos audífonos inalámbricos.

Sentado en el puesto del acusado, su aspecto físico era algo frágil, pero pareció estar mentalmente alerta y reconoció a una persona que no había visto en más de una década.

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