Testigo de la fiscalía da detalles sobre llegada de Posada a Miami

Luis Posada Carriles sale de la corte de El Paso, Texas, el 10 de enero del 2011.
Luis Posada Carriles sale de la corte de El Paso, Texas, el 10 de enero del 2011.

EFE
Por JUAN O. TAMAYO/EL PASO, Texas
jtamayo@elnuevoherald.com

Traer de contrabando por mar al militante exiliado Luis Posada Carriles de México a Miami fue una operación secreta. Pero cuando desembarcó finalmente en un restaurante junto al río Miami, se encontró con que allí estaba comiendo un alto oficial de la policía.

Eso fue lo que Gilberto Abascal, tripulante del barco que según él trajo a Posada a Miami, testificó el martes en el juicio del hombre que fuera un agente de la CIA y que ha sido acusado an varios atentados con bombas.

Abascal no identificó el restaurante ni al policía, y no dijo si el oficial había reconocido a Posada durante su casi inverosímil encuentro.

Abascal, de 45 años, de baja estatura y ancho de espaldas, es el testigo clave de la fiscalía en los cargos de que Posada mintió bajo juramento cuando dijo a funcionarios federales de inmigración que había entrado a Texas desde Mexico.

Su detallado testimonio acerca de la llegada de Posada a Miami ocurrió después de que la jueza federal de distrito Kathleen Cardone permitió a la fiscalía que le hiciera preguntas, previamente prohibidas, sobre la “conspiración” para meter a Posada de contrabando a Estados Unidos.

Abascal testificó que él formaba parte de la tripulación del Santrina, cuando el camaronero de 90 pies de eslora, que había sido convertido en yate, recogió a Posada en Isla Mujeres, México, y lo transportó a Miami en el 2005.

Cuando el barco llegó a Miami, agregó, el dueño de la embarcación, Santiago Alvarez, un urbanizador nacido en Cuba, lo atracó en el río Miami y bajó al agua un bote de 25 a 30 pies de eslora.

Posada y el exiliado cubano Rubén López Castro bajaron al bote y se dirigieron a un restaurante a la orilla del río donde el hijo de Alvarez, también llamado Santiago, esperaba para recibir a Posada y llevárselo en un carro, según Abascal.

Pero cuando López Castro regresó luego al Santrina, estaba muy nervioso. “¡Dios mío!”, dijo. “El jefe de la policía estaba en el restaurante”.

Hay dos restaurantes bien conocidos con muelles junto al río Miami, y ambos son frecuentados por altos funcionarios de la ciudad y el condado. Uno se llama Joe’s Seafood. El otro se llama Casablanca.

Al ser interrogado por la defensa de Posada en la tarde del martes, Abascal admitió haber mentido bajo juramento en varios documentos, incluyendo su solicitud de ciudadanía estadounidense. Se espera que continúe en el banquillo de los testigos durante la mayor parte del miércoles.

Abascal testificó que el Santrina salió de Miami en marzo del 2005 en lo que Alvarez le describió como un viaje primero a llevar materiales de construcción a su casa de las Bahamas, que había sido dañada por los huracanes; de ahí, el barco debería navegar a América Central como parte de un programa para enseñar a los niños del área sobre temas maritimos.

A bordo del barco estaban Abascal, Alvarez, Osvaldo Mitat, quien lo mismo que Abascal trabajaba para Alvarez, así como López Castro y José Pujol, los dos exiliados cubanos que viven en Miami.

Pero cuando el Santrina tocó puerto en Isla Mujeres, Alvarez dijo al grupo: “Ahora les puedo decir lo que vinimos a hacer. . .”, testificó Abascal. “Vinimos a buscar a Posada”.

Posada había vivido durante los 38 años previos en Venezuela y Centroamérica, casi siempre escondido porque estaba acusado del atentado con explosivos en 1976 de un avión de pasajeros cubano que mató a las 73 personas que iban a bordo. El ha negado toda responsabilidad de ese ataque.

Posada, de 82 años, ha dicho que quería venir a Estados Unidos porque aquí viven su esposa y sus dos hijos, y él se estaba poniendo viejo.

Posada está acusado también de perjurio por negar haberle dicho a la escritora Ann Louise Bardach en 1998 que él había orquestado la serie de atentados con explosivos en centros turísticos cubanos el año anterior, y al negar que tenía un pasaporte guatemalteco.

Aún antes de que el Santrina anclara en Miami, el grupo a bordo se había puesto de acuerdo en versiones falsas del viaje en caso de que el FBI u otros funcionarios estadounidenses preguntaran cómo había entrado Posada al país, testificó Abascal.

Posada y López Castro iban a ir a Houston, donde Posada debía regresar en ómnibus a Miami, alegó el testigo. De hecho, Posada afirmó bajo juramento más tarde que un contrabandista de inmigrantes lo había llevado en auto de Honduras a Houston, donde él tomó un ómnibus con destino a Miami.

Alvarez dijo además al grupo a bordo del Santrina que si el FBI les preguntaba sobre el viaje a Isla Mujeres, ellos debían decir que habían llevado $10,000 en efectivo a Posada para que él pudiera pagar al contrabandista por el viaje a Houston, añadió Abascal. Esa fue la versión que la defensa de Posada ha dicho que probará en el juicio.

Abascal testificó que había oído además a Alvarez decirle a Posada que “lo que te va a perjudicar con el gobierno es lo que tú le dijiste a la reportera”. Eso pareció ser una referencia a Bardach, quien escribió sobre su entrevista con Posada en The New York Times.

Abascal dijo haber mentido a los agentes del FBI que lo entrevistaron en mayo y junio del 2005, diciéndoles que Posada no estaba a bordo del Santrina. Pero les contó la otra versión durante una tercera entrevista en julio.

Aunque testificó el lunes que él había estado en contacto con el FBI y la inteligencia cubana en el 2001, el martes dijo que él no había informado a ninguno de los dos sobre el viaje del Santrina.

Al ser interrogado por el abogado defensor de Posada, Arturo V. Hernández, Abascal se mostró agresivo y a veces evasivo, pero admitió haber hecho una serie de declaraciones falsas bajo juramento.

“Usted está tratando de confundirme”, respondió en una ocasión. En otra, afirmó que Hernández había contratado a un abogado para que su ex esposa pudiera demandarlo.

El testimonio de Abascal se usó también en contra de Alvarez, Mitat y otros tres exiliados que se declararon culpables en el 2007 de cargos de obstrucción de la justicia por negarse a testificar frente al gran jurado que presentó los cargos en contra de Posada.

Con aspecto afligido, Abascal afirmó en la sesión del martes que su vida había sido un infierno desde que había empezado a cooperar con el FBI. “Para decir la verdad, mi familia fue afectada”.

Tambien testificó que, para demostrarle su gratitud por su ayuda en el Santrina, Posada, quien es un pintor aficionado, le regaló un cuadro del Malecón de La Habana.

“El pinta muy bien”, añadió Abascal.

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