Entrevista a Mauricio Funes en México “represento una izquierda sensata y pragmática” (tomado de: contrapunto.com.sv)

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Entrevista con el presidente durante su visita de Estado a México  

Por Víctor Flores García

Fotos: Ernesto Ramírez

MEXICO DF – El Presidente Mauricio Funes (51 años) cumplió este mes de junio dos años al frente del gobierno de El Salvador, de un mandato de cinco. En una entrevista celebrada en el marco de su vista a México, la semana pasada, el mandatario es enfático para disipar las dudas sobre su apuesta al modelo de Brasil, a una asociación estratégica con el presidente estadounidense Barack Obama y a un claro distanciamiento del presidente venezolano Hugo Chávez y los hermanos Fidel y Raúl Castro.

Experimentado en el arte de la argumentación cara a cara, Funes acepta mi propuesta de que, dos años después, recorramos las ideas que me expuso en un diálogo para la revista Milenio Semanal, días antes de ganar la elección en 2009  (http://www.msemanal.com/node/230), reproducida en aquella ocasión por  ContraPunto el día de su victoria.

La propuesta que le hice fue confrontar aquel intercambio que sostuvimos cuando manejaba él mismo su camioneta de campaña y lo acompañé como copiloto, con su nueva experiencia como primer mandatario de izquierda en el país centroamericano.

Con la imponente vista de la megalópolis mexicana, esta es la segunda entrevista-balance, celebrada durante casi una hora en la suite presidencial del piso 41 del Hotel Intercontinental, con el estímulo de varios cafés expresos y de un par de pequeños puros del tipo petit-corona. A petición de Juan José Dalton, ofrezco una versión extensa de la entrevista publicada este domingo en la misma revista mexicana.

Apasionado por la polémica de sus planteamientos retadores, el Presidente Funes reafirma su distancia con el FMLN, cuyo liderazgo ubica más cerca de Chávez y los Castro: “No sólo represento el proyecto de una izquierda moderada y democrática, después de mis dos años de gobierno diría también que represento una izquierda sensata y pragmática”.

Con una sonrisa irónica, se refiere a la “derecha radical” que mantiene el temor de que su gobierno tiene como rumbo del Socialismo del Siglo XXI, acuñado en Venezuela: “En estos dos años, mi gobierno no ha tomado ninguna decisión que haga pensar que el proyecto por el que hemos caminado se acerque al cubano o al venezolano”.

De la misma manera, no rehúsa explicar los pactos y acuerdos con un sector de la derecha, representada por el ex presidente Antonio Saca: Ese es “un sector moderado, una derecha popular, no populista, una derecha que no está comprometida con los intereses de grandes grupos empresariales y que no ven en el Estado una especie de aparato puesto al servicio del FMLN”.

En cambio, apunta hacia el sector “radical” del ex Presidente Cristiani como obstáculo. Esa derecha quiso poner en la mesa de los poderes del Estado las extradiciones de los responsables de la masacre de los sacerdotes jesuitas que encabezaba Ignacio Ellacuría, las cuales podría exigir la Audiencia Española y que Funes está dispuesto –me dijo- a cumplir la petición, si lo aprueba la Corte Suprema de Justicia: “Ese tema no creo que sea un problema para la derecha. Ese es un temor que tiene el ex presidente Alfredo Cristiani y el grupo de altos jefes militares que estuvieron comandando las operaciones contrainsurgentes durante la guerra”.

Identificar los obstáculos de los consensos nacionales dominó la conversación. El mayor obstáculo para los acuerdos y pactos nacionales que propone su gobierno de coaliciones, el mandatario los coloca en esos sectores de la “derecha radical”: “Hay sectores de una derecha política y empresarial que no tienen visión de país, muy temerosos, que quieren acabarse a como dé lugar al FMLN, y que desean que el Presidente de la República sea un socio para acabarse al FMLN e impedir que pueda ganar las próximas elecciones presidenciales”.

Y hablando de elecciones, aprovechó para enviar un mensaje abierto al FMLN “de hueso duro”, si piensa ganar las elecciones de 2014: “No basta con que a este gobierno le vaya bien, la población debe percibir que el próximo candidato presidencial que lleve el FMLN y que tenga las posibilidades de ganara las elecciones sea una especie de continuidad de este gobierno”. En otras palabras un moderado o un reformador.

Y dirigiéndose a esa población que podría estar desencantada por la ausencia de soluciones a las urgencias cotidianas, acepta el reto, que atribuye a la crisis global y la falta de acuerdos: “Con aquella herencia de 20 años, a dos años de gobierno estamos en un país donde los sectores populares dicen que estamos en un país donde la situación económica es peor que la de antes que llegara este gobierno”.

Esta es la entrevista completa, celebrada poco después de reunirse con el hombre más rico del mundo, Carlos Slim, a quien le sacó el compromiso de aumentar sus inversiones en El Salvador en  300 millones de dólares.

ALIANZA CON EEUU Y BRASIL

¿Cómo ha sido su relación con el presidente Barack Obama, como mandatario de izquierdas  moderadas?

Para mi gobierno ha sido importante el lanzamiento del programa de Asociación para el Crecimiento, que ha hecho el presidente Barack Obama. La primera vez que me reuní con él, en marzo del año pasado en Washington, le dije que la mayor apuesta que podría hacer Estados Unidos era ver de manera distinta a los países que ha tratado como su traspatio. No debe vernos sólo como aliados para combatir el terrorismo y el crimen organizado, sino también para reducir la pobreza y la exclusión social. Así, se van a lograr tasas de crecimiento económico  sostenidas, que permitan reducir los flujos migratorios, y eso le conviene a Estados Unidos.

¿Ha cambiado el enfoque del tema migratorio de Estados Unidos con Obama?

Estos flujos no se reducen poniendo muros fronterizos, que siempre lo atraviesaninnerfunes1 o aprobando leyes antiinmigrantes o xenófobas, que siempre las burlan. La migración salvadoreña no se ha reducido después de las iniciativas antiinmigrantes que han promovido algunos estados, como Arizona o la matanza de migrantes en San Fernando, en Tamaulipas. Eso no ha desmotivado a los salvadoreños que siguen su ruta para llegar a Estados Unidos. Mientras no creemos oportunidades de educación, empleo y un mayor nivel de bienestar, los salvadoreños se seguirán marchando del país. Yo le decía a Obama que si quería reducir los flujos migratorios y los problemas de seguridad nacional debería ayudar a los países de donde salen los migrantes, para que no salgan más. Y esto no se logra impidiéndoles de manera represiva ingresar a Estados Unidos en busca del sueño que no pueden lograr en sus países de origen; sino ayudando a los países de origen, para que se creen las oportunidades para que no quede como única válvula de escape la emigración. Eso se busca con el Asocio para el Crecimiento con Estados Unidos.

¿Su apuesta es al Norte estadounidense o a la Sudamérica de Brasil?

La apuesta de El Salvador al corto y mediano plazo es diversificar sus destinos de exportación. Ha sido un error ver sólo hacia el Norte y en los dos años de mi gobierno hemos intensificado nuestras relaciones con economías emergentes que se han convertido en paradigmas del desarrollo, de manera particular Brasil. El modelo brasileño apuesta a reconstruir el tejido productivo brasileño y a invertir en los pobres. El presidente Lula da Silva, a través de los programas de combate a la pobreza y la exclusión social, logró en sus ocho años de gobierno que salieran de la pobreza 30 millones de brasileños, que se han convertido en clases medias. Él construyó un mercado interno más activo al que heredó, lo que hizo posible el crecimiento de la industria local. Cuando llegó la crisis de 2008-2009, Brasil fue de los países menos afectados porque no depende que sus productos los compren Estados Unidos o Europa, sino en la fortaleza de su mercado interno. Lula, mi amigo, al principio de su gobierno no le apuesta a los tratados comerciales, pero una vez consolidado el mercado interno, al fin de su mandato, los empieza a buscar. Él estaba interesado en el acuerdo con México, por ejemplo.

¿Sigue entonces inspirado en el modelo del Brasil heredado por Lula?

El brasileño es el modelo que debe seguir El Salvador. Hay que invertir en los pobres, para que ingresen al mercado interno y a la par hay que promover el desarrollo del sector agrícola y la industria local. Para eso hay que apoyar a la pequeña y mediana empresa. Por esa razón, ahora promovemos la creación de una banca de desarrollo que desapareció hace ya años en el país. Necesitamos que trabaje a partir de una agenda nacional que apoye a los sectores que lo necesitan. Volteamos al Sur, Brasil, pero no descuidamos al Norte, EEUU. Y ahora buscamos la creación de una banca de desarrollo, basada en el paradigma brasileño. Nos interesan alianzas con economías fuertes sin descuidar nuestra mirada al norte, pero a los EEUU hay que mirarlos de manera diferente.

EXTREMISTAS DE IZQUIERDA Y DE DERECHA

¿Cómo puede garantizar que el proyecto del FMLN no va a caminar por la línea del chavismo venezolano? 

Yo agregaría a la opinión que le expresé hace dos años, antes de ganar la elección, que no sólo represento el proyecto de una izquierda moderada y democrática, sino que después de mis dos años de gobierno diría también que represento una izquierda sensata y pragmática. Los extremismos y el radicalismo de un signo u otro no conducen a nada, menos en un país como El Salvador. Tanto puede ser un obstáculo al crecimiento y el desarrollo una izquierda radical, como lo puede ser una derecha radical. Hoy enfrentamos la oposición de un sector de la derecha radical, entronada en el principal partido de oposición ARENA y en las cámaras empresariales.

¿Existen razones para temer que usted se incline por el modelo de Hugo Chávez?

La derecha radical sigue teniendo temores infundados de que mi gobierno no tiene rumbo o que si lo tiene es el rumbo del socialismo chavista del siglo XXI. En estos dos años, mi gobierno no ha tomado ninguna decisión que haga pensar que el proyecto por el que hemos caminado se acerque al cubano o al venezolano.  Primero, porque las condiciones históricas no son las mismas; y, segundo, porque tenemos a la tercera parte de nuestra población viviendo en Estados Unidos. Por razones de carácter pragmático no podemos tomar decisiones económicas o políticas que nos enfrenten a Estados Unidos. Más ahora, cuando es uno de nuestros socios más importantes para nuestro crecimiento y desarrollo; ahora que entra en vigencia el acuerdo de asocio estratégico para el crecimiento. La derecha insiste en que vamos camino al socialismo del siglo XXI porque insiste en negar la realidad y quiere ver a mi gobierno como cooptado por el partido en el gobierno, el FMLN, cuyo liderazgo está más cerca de las ideas del Presidente Chávez y de los hermanos Castro que las ideas del Presidente Lula y la Presidenta Dilma Rousseff.

¿Usted ve en el FMLN la posibilidad de cambiar para no obstaculizar su proyecto político?

Las posibilidades de que el FMLN se convierta en una fuerza que no sea obstáculo al crecimiento al desarrollo existen. Creo que el FMLN ha dado señales de que ha tenido que adaptarse a las circunstancias y esto le llevó durante la campaña a modificar su discurso y hasta su visión estratégica. Cuando los dirigentes del FMLN dicen que no renuncian a la construcción del socialismo, habría que entender lo que quieren decir con socialismo. No se están refiriendo al socialismo cubano ni se refieren a lo que de socialismo puede tener Venezuela. Ellos, lo que están buscando es construir un modelo de sociedad donde se supere la pobreza, la exclusión social y haya mayor participación de la población en la toma de decisiones, que decida y viva en democracia, donde las instituciones seas fuertes.

¿Y ese nuevo modelo cómo se llamaría?

No importa cómo se llame eso. Si el FMLN es coherente en ese planteamiento y toma decisiones en el futuro acordes a esa posición estratégica, no me cabe duda que vamos rumbo a que el FMLN se pueda convertir en una izquierda democrática, no radical y menos aun alineada al Presidente Chávez y al Presidente Raúl Castro. La verdad es que, si uno analiza lo que ha hecho el FMLN en estos dos años, uno ve que el FMLN, como partido político, con la mayor bancada legislativa en el Congreso y habiendo construido una alianza con un sector de la derecha en el poder Legislativo, el FMLN no ha tomado una tan sola decisión que bloquee el proyecto político y el programa de gobierno que yo estoy empujando.

ACUERDO NACIONAL PLURALISTA

¿Existe la posibilidad de acuerdos con la derecha, en particular la escisión que encabezó el ex presidente Antonio Saca (2004-2009)?

Muchas iniciativas promovidas por este gobierno han contado con el apoyo del FMLN y de un sector de la derecha. Un sector moderado, con una derecha popular no populista, una derecha que no está comprometida con los intereses de grandes grupos empresariales y que no ven en el Estado una especie de aparato puesto al servicio del FMLN. Con ese sector de la derecha, el FMLN ha podido construir la aritmética necesaria para aprobar muchos de los proyectos que lleva al cabo este gobierno.

¿Cómo se perfila el cambio dentro del FMLN?

Más bien diría yo que son los mismos golpes que el FMLN se va dando cuando se enfrenta con la realidad lo que lo lleva a modificar su pensamiento y su proyecto estratégico y hasta su práctica política cotidiana. Mi candidatura es resultado de eso. El FMLN tuvo que fracasar estrepitosamente en las elecciones que ganó el presidente Antonio Saca y que perdió el candidato Shafick Handal para darse cuenta de que no iban a ganar la elección con un candidato orgánico. Entonces me buscan, a un candidato externo, a un outsider, no sólo ajeno al partido, sino ajeno a la política.

¿Su experiencia de gobierno llevará al FMLN a reeditar esa candidatura externa en 2014 o a ponerla en manos de un hombre de partido?

innerfunes2Ahora se dice que el FMLN está  pensando en un candidato más orgánico, más de hueso duro. En mi opinión, esa versión es un manejo interno para satisfacción de su base social, de su base partidaria. No creo que tengan la íntima convicción de que el próximo candidato tenga que ser un candidato de hueso duro, más alineado con las ideas de los presidentes Chávez y Castro. Por una sencilla razón: si a este gobierno le va bien, entonces el FMLN puede ganar las próximas elecciones. Y para que le vaya bien debe contar con la colaboración del FMLN y de las decisiones que tome en la Asamblea Legislativa. Pero no basta con que a este gobierno le vaya bien, la población debe percibir que el próximo candidato presidencial que lleve el FMLN y que tenga las posibilidades de ganar las elecciones sea una especie de continuidad de este gobierno. De lo contrario no va a ganar los votos necesarios de la población.

LOS OBSTÁCULOS

¿En estos dos años cuáles han sido los principales obstáculos  para que las promesas de un proyecto de izquierda moderada y pragmática se realicen?

El principal obstáculo ha sido la realidad que este gobierno heredó. Yo estaba consciente durante la campaña que uno de los problemas más complejos desde la administración pública al llegar a la Presidencia iba a ser la cantidad de demandas sociales y económicas no cumplidas a lo largo de las últimas dos décadas. La esperanza y la ilusión de la población en el cambio de gobierno era tal que la población, especialmente los sectores más desposeídos de la población, iban a demandar que los problemas se resolvieran de la noche a la mañana, que los problemas del bolsillo se resolvieran de la noche a la mañana. Ninguna economía que ha estado postrada durante 20 años va a resolverlos de la noche a la mañana. Al gobierno no se le puede pedir que los problemas acumulados, incubados y profundizados durante 20 años. Y los problemas económicos ni sociales, mucho menos el problema de la delincuencia.

¿Cómo define el país que recibió?

Nosotros recibimos un país desestructurado y uno solo puede plantearse resolver los problemas sobre la base de lo que recibe. Nosotros hemos tenido que dedicar cerca de dos años a ordenar la casa. Una vez ordenada, como creemos que la tenemos, podemos comenzar a hacer las mejoras de esa casa de tal manera que quienes vivan en ella, logren mayores niveles de bienestar. Recibimos un país totalmente quebrado, sin recursos, con problemas de caja, recibimos un país con todo el aparato productivo desarticulado, porque el modelo económico que adoptó la derecha que fue derrotada no tomó en ningún momento como prioridad el desarrollo de la base productiva nacional. Se decía que durante los primeros años del presidente Alfredo Cristiani (1990-95) la idea era crear una sólida base productiva, pero no se tomaron decisiones en ese sentido; por el contrario, se desarticuló el campo, se llevó a cabo una política con un claro sesgo anti agrícola y anti agrario.

¿En ese marco, qué puede causar que se logren consensos en el país?

Los consensos los impide la obstinación de la derecha radical. Nos encontramos con un sector agropecuario sin acceso al crédito ni a la tecnología, sin capacidad para producir. Nos encontramos con 340.000 unidades productivas campesinas dedicadas a la subsistencia sin apoyo por parte del Estado para salir de ese nivel de subsistencia. Se les entregaba semilla y fertilizantes pero se hacía con un criterio clientelar de búsqueda de votos, y muchas veces no se entregaba a quien lo necesitaba, sin acceso al crédito y la tecnología. Mi gobierno, con apoyo del gobierno brasileño y el organismo de la ONU para la alimentación, la FAO, impulsa un programa similar al de Brasil llamado Programa de Agricultura Familiar. Mantenemos el subsidio, pero no sólo eso, sino poner el crédito con la tasa de interés más baja de la región, de 6 por ciento de interés, que en la banca comercial no existe, con seguro de 100 por ciento contra pérdidas por desastres naturales.

Pero eso lo hace su gobierno en solitario, sin los consensos nacionales que le den largo aliento…

Sí, porque no hemos encontrado acompañamiento de parte del sector privado. Otro ejemplo: el plan de vivienda Casa para Todos, una de mis ofertas de campaña. Buscamos apoyo en la banca privada y nos encontramos con que no había crédito ni para las constructoras, ni para acceder a la vivienda.  Por eso debemos crear una banca de  desarrollo que facilite el crédito de sectores que no tienen acceso al crédito tradicional. Ese es el país que recibimos.

LA SOMBRA DEL DESENCANTO

¿Existe la posibilidad de un desencanto en la población ante promesas incumplidas?

Con aquella herencia, a dos años de gobierno estamos en un país donde los sectores populares dicen que estamos en un país donde la situación económica es peor que la de antes que llegara este gobierno. ¡Claro que es peor que la de antes! Porque los precios internacionales del petróleo se han disparado y nosotros importamos el cien por ciento del petróleo que consumimos; además, los precios de los mercancías tradicionales y las materias primas se han disparado y nosotros dejamos de ser productores de alimentos; importamos el 70 por ciento de arroz, 35 por ciento del frijol, casi la totalidad de las hortalizas, frutas y verduras que consumimos se importan. Tenemos que comprarlas a los altos precios de los mercados de donde se importan. Hemos encontrado incluso dificultades para comprar caro, como el frijol. La gente ve que los problemas de su bolsillo no se resuelven; pero no cae en la cuenta de que si tuviéramos un tejido productivo propio y consolidado, la realidad sería al contrario, el aumento internacional de los precios de los alimentos y materias primas nos habrían favorecido. La gente está viendo que no se le resuelve el problema del empleo; pero recibimos un país que perdió cerca de 40.000 empleos como resultado de la crisis de 2009 y ya hemos recuperado la mitad de estos. Para eso necesitamos flujos de inversión privada. En nuestro país hay capitales que están invirtiendo; pero no en El Salvador, sino fuera de Centroamérica.

En su discurso de dos años de gobierno ante el Congreso, usted comenzó hablando de la necesidad de diálogo y de consensos. ¿Cómo espera lograr el pacto nacional para la institucionalidad democrática que usted propone?

Hay que añadir que es un pacto para la productividad, para la armonía y para la convivencia democrática. Porque estamos en un punto en el cual, si no nos despojamos de nuestros intereses, sean de grupo o de partido., y si no trabajamos bajo una visión de unidad nacional no sacamos adelante el país.

¿Existe la posibilidad de una quiebra de las finanzas públicas, un cese de pagos podría obligar a todos a ese consenso?

Lo hemos planteado. Nos encontramos con un país altamente endeudado. El nivel de deuda pública con respecto al Producto Interno Bruto sobrepasaba el 45 por ciento. (El PIB de El Salvador es de unos 21.000 millones USD)

Presidente, el endeudamiento público es ahora más del 50 por ciento del PIB…

¡Claro, porque tuvimos que contratar créditos! ¿Cómo financiábamos los programas sociales? La primera apuesta fue a ordenar la casa; primero combatimos la vulnerabilidad de los sectores más deprimidos que están padeciendo la crisis, pagando el costo mayor; nos lanzamos a trabajar con ellos. Iniciamos el plan de vivienda social, el plan Casa para Todos, el Programa de Apoyo Temporal al Ingreso dirigido a jóvenes, y jefas de hogar en los municipios más pobres del país; la pensión básica universal para adultos mayores de 70 años que nunca han cotizado en su vida y no tenían accesos a una pensión. Mantuvimos el acceso al subsidio al gas y lo focalizamos, sacando a aquellos sectores que pudiesen pagar  a precio de mercado; mantuvimos el subsidio al transporte para que no se dispararan las tarifas; mantuvimos el subsidio a la energía eléctrica, aun cuando el 48 por ciento de la energía que producimos es generada a base de combustible fósil, encarecida por el aumento a los precios del petróleo. Ahora que hemos atendido las urgencias de los sectores más vulnerables es el momento de lanzarnos a apoyar el crecimiento productivo del país.

¿Pero qué pasa si los acuerdos siguen ausentes…?

… Lo que pasa es que tenemos que buscar los recursos fiscales. Tenemos uninnerfunes3 país con una de las cargas tributarias más bajas de la región. No llegamos ni siquiera al 14 por ciento del PIB.

Usted se ha propuesto elevarlo en cinco puntos al final de su mandato…

Esa es la meta, pero para ello debemos vencer las resistencias del sector privado y de las cámaras empresariales. Por eso, mi llamado es a un pacto por la productividad, la armonía y la convivencia democrática. Va dirigido no sólo a los sectores sociales que entienden que no basta con ponerle presión al gobierno, porque harían quebrar al gobierno, pero los sectores productivos deben entender también que deben dar un aporte mucho mayor. Hemos planteado  para los próximos meses la construcción de un pacto fiscal, que va avanzando entre dificultades.

Todo eso ocurre en el marco de un grave problema de seguridad pública…

Hicimos un diagnóstico de la seguridad pública y nos dimos cuenta de que necesitamos una estrategia que implica un presupuesto extraordinario que para los próximos años es del orden de los 380 millones de dólares. Es lo que hace falta para fortalecer nuestras policías, la capacidad del ejército en el terreno, fortalecer la seguridad pública, el trabajo de inteligencia policial, perfeccionar los  fiscales y aparatos de investigación, disputar el territorio a las pandillas y llevar a cabo algo único en su género de reclutamiento entre 16 y 24 años. Esa es una nueva modalidad de servicio de protección civil sin armas, donde los jóvenes percibirían un salario y los sacamos del semillero de las pandillas. Y ese dinero sólo puede venir de dos vías: préstamos y cooperación que se agotan o de un propio esfuerzo sobre la base de aumentar la carga tributaria. Por eso he planteado un presupuesto extraordinario de seguridad para los grandes patrimonios, valuados arriba de los 500.000 dólares, patrimonios libres de pasivos y de deudas. Pero esa idea ya comenzó a tener resistencia de parte de los empresarios.

EL TEMOR DE LA DERECHA RADICAL

¿Cuál es el principal obstáculo a remover para lograr ese pacto?

En el proceso de toma de decisiones políticas del país hay sectores de una derecha política y empresarial que no tienen visión de país, muy temerosos, que quieren acabarse a como dé lugar al FMLN. Esa derecha desea que el Presidente de la República sea un socio para acabarse al FMLN e impedir que pueda ganar las próximas elecciones presidenciales. Hay que hacer entender a esta derecha radical que puede tener otra visión, que puede ser oposición, pero necesitamos una oposición que construya puntos de entendimiento. Y ese es el obstáculo que habrá que remover.

¿La posibilidad de derogar la amnistía que se decretó al final de los acuerdos de paz de 1992, de parte de la Sala Constitucional del poder Judicial puede ser un factor que impide los acuerdos?

La amnistía no es ningún problema. En primer lugar, los delitos de lesa humanidad no están amnistiados. El caso de los jesuitas masacrados en 1989 y el asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero (1980) no lo cubre la amnistía, la amnistía no protege a quienes cometieron abusos de poder en el pasado y perpetraron delitos de lesa humanidad. No los protege.

¿Usted extraditaría a los militares que son procesados en la España por el caso de los jesuitas?

Con o sin amnistía, si la orden de detención decretada por el juez Eloy Velasco de la Audiencia Española se hace efectiva en el país, esos 20 jefes miliares van a tener que ser detenidos por la policía, siguiendo un procedimiento que viene desde la Interpol y vamos a tener que solicitar la autorización de la Corte Suprema de Justicia para decidir si se pueden o no extraditar. Así es.

¿El tema de las extradiciones es un problema para la derecha que acepte acuerdos con usted?

No creo que eso sea un problema para la derecha. Ese es un temor que tiene el ex presidente Alfredo Cristiani y el grupo de altos jefes militares que estuvieron comandando las operaciones contrainsurgentes durante la guerra. Lo dijo el mismo partido ARENA cuando modificó el procedimiento de la Sala Constitucional para que sus acuerdos ya no fueran por mayoría calificada, cuatro de cinco jueces, sino por consenso de cinco. ARENA dijo que la Sala de lo Constitucional le había dado garantías de que la ley de amnistía no se declararía inconstitucional y que, por el contrario, se iba a defender y a proteger.

Presidente, le quedan tres años por delante, ¿cómo quiere ser recordado cuando terminen esos tres años?

Como un presidente que institucionalizó una nueva forma de ejercer el poder desde el Estado, un presidente que no sirve a los intereses corporativos de grupos económicos, ni a los intereses partidarios, sino que a los intereses del país. Como un presidente que aun cuando fue candidato de un partido de izquierda, y tiene una trayectoria de izquierda ha logrado entendimiento con sectores de la derecha, y ha podido gobernar con la derecha. Como un presidente a quien no le interesa defender  las visiones ideológicas que están detrás de las decisiones que se toman, sean de derecha o de izquierda, sino que lo importante es que sea de interés nacional. Como un presidente que logró reconstituir el tejido productivo del país y que pudo sacar a muchos pobres de la pobreza, dándoles capacidad de consumo y un mayor nivel de bienestar. Un presidente que pudo reducir los niveles de delincuencia que heredó.

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