El cambio que todos votamos en El Salvador, se dio en casa presidencial. Mauricio Funes y la derecha más corrupta: GANA Y FUNES S.A.

Los nuevos amigos del presidente

Hablar de los nuevos amigos del presidente es hablar de gente que ha perdido poder. Y, por supuesto, de las personas que han logrado incorporarse al círculo de máxima influencia del gobernante. Pasados dos años del gobierno de Funes, la familia Cáceres ha sido relegada a un segundo plano y su lugar lo han ocupado el empresario Miguel Menéndez y uno de los más oscuros operadores políticos del expresidente Saca.

Sergio Arauz//elfaro.net

Es la noche del 30 de julio y en la mesa principal de una fiesta privada que se celebra en San Salvador destaca el jefe de la familia que festeja. Nicolás Salume I, empresario jerarca de los Salume, primer designado presidencial, importante patrocinador de la campaña del ahora presidente, y figura que el partido Gana ya proclama como uno de sus notables, celebra la boda de Nicolás Salume III, su nieto. La mesa, para 12 personas, es una de varias docenas en este salón acondicionado para recibir hasta a 400 invitados, pero brilla más que las otras: aparte del jerarca Salume, están sentados a ella el empresario Herbert Saca -uno de los operadores más oscuros y controversiales del gobierno de Antonio Saca-, y el presidente de la República, Mauricio Funes. Que el gobernante comparta mesa con dos empresarios en una fiesta privada quizás no tenga por qué llamar la atención, a menos que esos empresarios sean representativos de lo que al cabo de dos años de administración ha ocurrido: que las personas que integran el círculo de mayor acceso al presidente ha cambiado.

Aquella reunión ocurría dos meses después de que Funes prescindiera casi por completo de sus colaboradores más importantes para tomar una decisión que hizo estremecerse a El Salvador durante meses: avalar el decreto 743 para maniatar a la Sala de lo Constitucional. La forma en que tomó esa decisión es, quizás, el mejor reflejo de cómo Funes relegó a segundo plano a los socios claves con que empezó su gobierno y en su lugar dio protagonismo a nombres del partido Gana, y a un tercer empresario que dejó de ser solo un funcionario de segundo nivel para convertirse en el más asiduo del nuevo círculo de máxima influencia. Miguel Menéndez, Mecafé, fue corredor de autos y su negocio más conocido ahora probablemente sea el de la seguridad privada. Fue un patrocinador de la candidatura presidencial de Funes y entró al equipo de gobierno como presidente del Centro Internacional de Ferias y Convenciones (Cifco).

Mecafé fue uno de los principales promotores del grupo de apoyo que empezó el movimiento de Amigos de Mauricio, pero nunca fue tomado en cuenta como un influyente operador político. Más bien todos lo veían como un amigo -literalmente- de juegos del presidente. El polígono de tiro en las instalaciones del cuartel central de su empresa Cosase era un punto de encuentro, pero en el equipo de gobierno lo veían nada más como un espacio para relajar la acumulación de tensiones de gobierno.

En el gabinete de gobierno hacen la siguiente lectura de aquella fiesta del 30 de julio, que ocurría en el salón principal del Club Árabe Salvadoreño: en la administración ha ocurrido un relevo de poder, y los afectados más notables son los hermanos Cáceres, quienes fueron ignorados en momentos tan relevantes como cuando el decreto 743 llegó a las manos de Funes. Ni siquiera Francisco Cáceres, secretario privado del presidente, fue consultado. A la postre, la sanción expedita al decreto le significó la pérdida de 10 puntos de popularidad a un mandatario obsesionado con las encuestas.

Herbert Saca conoció al presidente durante el período de transición del cuarto gobierno del partido Arena al primer gobierno de izquierdas. Funes nombró a Gerardo Cáceres como su representante para coordinar la transición, mientras que el presidente saliente, Antonio Saca, nombró a su pariente Herbert Saca. Gerardo fue uno de los tres hermanos Cáceres que integraron el movimiento Amigos de Mauricio, y aunque después de la toma de posesión no tuvo un nombramiento oficial, pronto se convirtió en una especie de ministro sin despacho en la administración Funes. El otro hermano, Carlos, fue nombrado ministro de Hacienda. El Faro reveló en marzo de 2010 cómo en el gobierno de Funes ninguna decisión importante se tomaba sin el visto bueno o al menos sin la consulta a los hermanos Cáceres.

Gerardo fue una persona a quien el presidente le prestaba su voz. O, dicho de otra forma, el presidente hablaba a través de Gerardo. Pero eso ya quedó atrás.

Funes empezó su gobierno con otros tres personajes de máxima influencia en sus decisiones, aparte de los Cáceres. Por un lado, Álex Segovia, secretario técnico de la presidencia y cabeza del gabinete económico; por otro, Franzi Hato Hasbún, secretario de Asuntos Estratégicos y cabeza del gabinete de Seguridad, y en un tercer eje Vanda Pignato, secretaria de Inclusión Social y esposa del presidente.

El panorama ahora es distinto. Desde la mitad de este año, la oficina que Funes dio a Mecafé en las instalaciones del Cifco se ha convertido en la segunda oficina más importante del Ejecutivo, solo después del despacho en Casa Presidencial. Al menos eso interpretan un grupo de desconcertados ministros, asesores, funcionarios y dirigentes del FMLN que perciben a Mecafé y Herbert Saca como los nuevos Cáceres del gobierno.

Un exmiembro del gabinete, exasesor de Antonio Saca y exdirigente del partido Arena que sabe del protagonismo que han adquirido estsa personas, dice que nadie debe extrañarse de lo ocurrido. “Acordate que los Cáceres empezaron a recibir las llaves de Casa Presidencial y resto de oficinas estratégicas dentro del gobierno de manos de Herbert Saca y Élmer Charlaix –ex secretario privado de la presidencia”. Este exfuncionario, que pide el anonimato -como casi todas las fuentes que accedieron a conversar con El Faro-, dice que la transición fue el inicio de una relación que se consolidó a partir de noviembre de 2009, cuando se produjo la fractura del partido Arena y nació Gana. Se niega a que se le identifique porque no quiere estropear la relación que mantiene con varios de los involucrados. “Es obvio que uno no puede hablar así estas cosas, los conozco y me veo con ellos seguido”, dice.

Mecafé, el gran anfitrión

Antes de acercarse a Funes, Miguel Menéndez había sido parte de un club de colaboradores de la Arena que lideró Antonio Saca. Su nombre era todavía asociado a Arena a inicios de 2008. Su escritorio en el cuartel central de la empresa de seguridad Cosase lucía un cubo de cristal que solo obtenían algunos donantes importantes del partido suscritos al programa “Todos sumamos”, cuyo propósito oficial era la recaudación permanente de fondos para tejer una red de medianos contribuyentes que fortalecieran la economía arenera. Desencantado, sin embargo, pronto cifró esperanzas en esa figura surgida de la televisión que enarbolaba la bandera del FMLN.

En esa oficina empezó a fortalecerse la relación de Mecafé con Funes. Es un pequeño despacho decorado con fotografías de algunas de sus posesiones y trofeos más preciados, como el Ford Mustang Cobra con el que ganó alguno de sus 11 campeonatos nacionales de automovilismo. En las estanterías también cuelga la foto de un enorme marlin, recuerdo de sus días de pesca, un pesado mero que mató él mismo disparándole con una suerte de rifle acuático, mientras buceaba en el Pacífico. También tiene un yate, un avión y un Ferrari. A esa oficina se presentó con asiduidad el presidente Funes los fines de semana.

Con el triunfo electoral de Funes, Menéndez obtuvo su oficina en el Cifco. Y aunque ya tenía contratos de servicios de seguridad con el gobierno anterior, la nueva administración pronto le amplió la solicitud de servicios y repentinamente uno de los Amigos de Funes y funcionario del gobierno se lucraba de las necesidades de seguridad privada del Estado. Sin embargo, lo que resultó en resentimientos para algunos de los miembros más relevantes del gabinete fue que en alguna medida el poder de Casa Presidencial se trasladó a la oficina en el Cifco, dado que entienden que ahí es donde Mecafé y Herbert Saca asesoran al presidente.

En la página oficial del Cifco en internet, Menéndez sigue apareciendo como presidente de la institución. Sin embargo, al marcar el número telefónica que en el sitio web del Cifco aparece asignado a Menéndez, la mujer que contesta asegura que él ya dejó el cargo y que donde hay que pedir una entrevista es en las oficinas en Cosase.

-Hola, ¿puede comunicarme con el presidente del CIFCO, Miguel Menéndez?

-No, él no es el presidente, si quiere llame a su oficina privada, el presidente de aquí se llama Federico López Beltrán, es el presidente interino.

-Entonces quiero platicar con Federico López Beltrán, el presidente interino.

-Yo le digo. Deje sus datos.

López Beltrán fue juramentado en 2010 por el presidente Funes como miembro de la directiva del Instituto Nacional de los Deportes de El Salvador (INDES). Hasta el cierre de esta de nota no hubo respuesta a la petición de entrevista. Pero atendiendo la sugerencia de buscar a Mecafé en Cosase, su secretaria precisó que el amigo del presidente es más fácil de localizar en el Cifco:

-Hola. Con Miguel Menéndez, por favor.

-¿Quién llama?

-Sergio Arauz, de El Faro.

-Mire, llámele a la Feria (Cifco), es más fácil que lo pueda controlar allá.

-Le voy a dejar un recado. Dígale que me urge hablar con él porque estamos trabajando un reportaje que lo menciona.

-Yo le doy su recado, pero es más fácil que lo localice en la Feria -insistió.

Cosase es el nombre comercial de una agencia privada de servicios de seguridad, que sus competidores también describen como una compañía fabricante de munición e importadora de armas de fuego. Este fue unos los focos que captó la atención de la embajada de los Estados Unidos desde que Funes ganó la elección.

Uno de los cables de la diplomacia estadounidense filtrados por WikiLeaks revela que la embajada realizó algunas entrevistas con algunos de los principales damnificados por el cambio de gobierno. Entre las entrevistas realizadas por el encargado de negocios, Robert Blau, está la del gerente de una de los principales importadores de armas de este país que tenían contratos privilegiados con el gobierno del presidente Saca. Dice Blau en este memorando etiquetado como CONFIDENCIAL: “De acuerdo con uno de los mayores comerciantes de armas de El Salvador, la Policía Nacional Civil (PNC) se está moviendo de las armas fabricadas en Estados Unidos y cambiando proveedores hacia un prominente patrocinador de Funes. Sin embargo, el ejército salvadoreño se mantiene comprometido con la compra de equipo manufacturado en Estados Unidos. Ninguno de los movimientos es sorprendente debido a los vínculos políticos involucrados en el negocio de armas salvadoreño y las documentadas dificultades financieras de la PNC.”

El proveedor que habla con el encargado de negocios de la embajada es José Miguel Díaz, gerente general del Centrum, empresa de Gustavo López Davidson, un ex miembro del Consejo Ejecutivo Nacional del partido Arena (Coena). El ejecutivo de Centrum asegura que la PNC estaba virando hacia un nuevo proveedor, de nombre Miguel Menéndez. “(Díaz)dijo que Menéndez era dueño de su propia fábrica de munición, pero que el pequeño negocio de importación de Menéndez estaba sobre todo concentrado en “revólveres basuras argentinos”. Díaz reconoció que aún antes del cambio de gobierno, la PNC se había estado alejando del armamento estadounidense y favoreciendo a equipo de Brasil, Argentina e Israel porque lo podían comprar más barato y obtenerlo rápidamente.”

El Faro reveló en 2010 que la empresa de Mecafé había ganado en el primer año de gobierno de Funes 2.5 millones en contratos con instituciones del Ejecutivo. La Subsecretaría de Transparencia, ante petición de este periódico, determinó que de 15 contratos en servicios de seguridad ganados por la empresa de Miguel Menéndez 10 surgieron de mecanismos transparentes, pero otros cinco, por un monto de 1.5 millones de dólares, le generaban dudas.

Mandos policiales consultados por el periódico aseguraron que las compras de armas y municiones son realizadas por el Ministerio de Seguridad, y que hasta el cierre de esta nota no había ninguna licitación que abiertamente hubiera favorecido irregularmente a Cosase.

Todas las fuentes consultadas por este periódico –algunas con oficina en Casa Presidencial, otras, miembros o personas muy cercanas a las direcciones de los partidos FMLN y Gana, otras con rango de ministros y otras con cargo de diputados- coinciden en algo: Miguel Menéndez empezó como uno de los apoyos de campaña, siguió como un amigo de tiro, continuó como un contratista del Estado, y es hoy un consejero privilegiado del presidente.

Funes&Gana.gob.sv

La llegada de Herbert Saca al círculo de máxima confianza de Funes es algo que algunos atribuyen a la fractura de Arena. Un dirigente nacional del FMLN dice tenerlo claro: Gana y Funes gobiernan en sociedad. Y menciona a Gana porque para este miembro de la Comisión Política efemelenista, Herbert Saca equivale a Gana y si el gobernante necesita votos en la Asamblea Legislativa para impulsar su agenda, ahí los encontró. “Sin Gana no habría votos, al fin y al cabo es un aliado del presidente. Aquí es donde entra Herbert Saca, él es Gana”, dice este político.

En la Asamblea Legislativa no son pocos los que piensan que detrás de Gana está Herbert Saca, quien durante la administración anterior tuvo en sus manos tal poder que fue uno de los factores de la fractura del gabinete de Antonio Saca. Funcionarios del gobierno de Saca fueron los primeros en reconocer a los periodistas el rol de operador político que Herbert tenía. Luego, el partido Arena, en el momento de la ruptura en octubre de 2009, señaló a Herbert y al exmandatario como los responsables de dividir al partido.

Ahora, en la Asamblea abundan quienes afirman que Herbert es el operador político de Gana, una especie de buscacandidatos que sale de cacería a los otros partidos políticos. El dirigente pecenista Antonio Almendáriz resume el rol por el que él ha conocido al primo del expresidente Saca: “Herbert Saca es el verdadero presidente de Gana. Aquí en la Asamblea Legislativa todo el mundo lo dice, que cuando quieren hablar algo directamente le hablan a Herbert Saca, no a Andrés Rovira.”

Si Herbert Saca es Gana, la foto del presidente sentado a una mesa en la que también está Herbert Saca adquiere más sentido al ver las votaciones legislativas y las declaraciones de apoyo que realizan casi semanalmente dirigentes de Gana, especialmente en temas que no son agenda típica de las derechas en ninguna parte del mundo, pero que los exareneros apoyan entusiastas.

Estos son algunos titulares de prensa publicados por diversos medios en los últimos meses: Gana apoya crear impuesto al gran capital para la seguridad; Gana apoya envío de tropas hacia Afganistán; Gana apoya que el gobierno compre aviones de combate; Gana respalda a Salume como designado presidencial; Gana aplaude llamado a la unidad para afrontar la delincuencia que hizo Funes; Gana apoya el veto del presidente a la Ley antitabaco… y en varias ocasiones, Gana salió con un pronunciamiento de estos aún contradiciendo el voto que habían emitido en un primer momento.

Herbert Ernesto Saca es el accionista principal y fundador de HS Imports o Importaciones HS, una empresa comercializadora de carros usados que factura ingresos por más de un millón de dólares anuales, según registros del Ministerio de Hacienda. Escasamente mencionado en los medios de comunicación, fundó su compañía en 1991, y fue solo hasta el gobierno de su pariente cuando su nombre comenzó a ser citado cada vez con mayor frecuencia por miembros de aquel equipo de gobierno que, desconcertados, no sabían qué funciones tenía, pero tenían la convicción de que era poderoso.

Saca participó en las negociaciones que sostuvieron las cúpulas de Arena y FMLN para abordar uno de los momentos de la historia reciente que más titulares abarcó: Belloso, el tirador que en julio de 2006 mató a dos policías frente a las cámaras de televisión en medio de una protesta que parecía pacífica. En ese momento, el entonces ministro de Seguridad, René Figueroa, comentó a El Faro sobre la ronda de negociaciones que sostuvieron las cúpulas de los partidos para bajar los ánimos. El Faro publicó un reportaje titulado “Las reuniones secretas entre Arena y el FMLN”, que consigna que fue en la casa de Herbert Saca a la que asistieron los dirigentes de ambos partidos para iniciar una larga ronda de reuniones.

Asimismo, Herbert Saca participó como negociador del gobierno con los empresarios de buses ofreciéndoles subsidios y fue mediador para aprobar el decreto que significó en un principio casi 40 millones de dólares para los transportistas, 200 dólares por cada microbús y 400 por cada bus. El 17 de diciembre de 2007, El Faro público un reportaje en el que explicaba el rol de Herbert Saca. “Herbert Saca fue el que estuvo más cerca de los transportistas cuando se hablaba de paros, alza al pasaje de bus y subsidios para aliviar la carga económica del alto precio del combustible”, dijo en su momento Genaro Ramírez, presidente de la Asociación de Empresarios de Autobuses Salvadoreños.

En el gabinete y en el FMLN están seguros de que el poder de Herbert Saca -antes y ahora- también tiene que ver con la capacidad de hablar con José Luis Merino, otro que estuvo en las negociaciones sobre cómo manejar públicamente el ataque de Belloso -un exconcejal del FMLN en Mejicanos- a los policías antimotines.

¿Y dónde queda Antonio Saca? Las vinculaciones del expresidente con Gana brillan más que las de su primo, Herbert. Dentro de Gana, el expresidente es visto como un gurú que se niega a bajar a dar consejos diarios y delega en Herbert. Sin embargo, hay quienes creen que Herbert no está plegado a los intereses de su primo y que lidera con cierta autonomía el partido.

El Faro llamó en dos ocasiones al teléfono de Herbert Saca para pedirle una entrevista. También dejó en su oficina un mensaje escrito con la petición de entrevista, pero no respondió. El expresidente tampoco atendió las peticiones de entrevista.

A estos acercamientos se añaden los claros gestos de Funes hacia Gana en varios escenarios. Aparte de proponer a Nicolás Salume como primer designado presidencial, en las dos ternas que el gobernante envió a la Asamblea Legislativa también aparecía la dirigente de Gana Silvia Aguilar. Ese guiño a Gana lo que significaba era que el presidente estaba dispuesto a que en su ausencia y en la ausencia del vicepresidente, las riendas del país pudieran ser tomadas por una dirigente de Gana antes que por cualquier efemelenista.

Además, la empresa estatal CEL se ha convertido en un muestrario de la penetración de Gana en el aparato del Ejecutivo. Irving Pabel Tóchez, presidente de la Comisión Hidroeléctrica del Río Lempa llegó a la empresa estatal como sustituto de la ex viceministra de Hacienda Carmen Elena Pineda. Esta es una persona de confianza de Carlos Cáceres, ministro de Hacienda, a quien él mismo había recomendado.

Cuando Funes llegó a la presidencia, relevó a Tóchez en la dirección ejecutiva de la CEL. Dos años después, el exdirector de Impuestos Internos no solo está reincorporado en la institución, sino que con el cargo de presidente. Aunque no hay una prueba de que Tóchez esté afiliado a Gana, para los funcionarios de este gobierno, dirigentes areneros y efemelenistas, el nuevo presidente de CEL representa los intereses de los Saca y, por lo tanto, los de Gana.

Legalmente existe una huella que vincula a este funcionario y al expresidente del país. Tóchez fundó hace más de una década una empresa de contabilidad llamada Tóchez Fernández Ltda., y según el Centro Nacional de Registros es la firma auditora externa del grupo Samix, la red de 12 estaciones de radio propiedad de Antonio Saca.

Los libros del Centro Nacional de Registros también consignan que Andrés Rodríguez Celis, miembro del movimiento Amigos de Mauricio, es accionista de la misma empresa fundada por Tóchez. De las mil acciones con las que empezó la empresa en 2000, cada uno se repartió la mitad. Celis es el presidente del Instituto Nacional de Pensiones de los Empleados Públicos (INPEP).

Otro episodio que algunos califican como una nueva batalla perdida por los Cáceres ante el empuje de los Saca es el relevo que Funes hizo en la presidencia del Banco Hipotecario. Manuel Rivera sustituyó a Carlos Ortiz. En el gabinete económico, Ortiz era reconocido como un hombre de confianza de los Cáceres. Dos  funcionarios que estuvieron en la junta directiva del Banco aseguraron a El Faro que Carlos Cáceres y el presidente tuvieron una intensa discusión al respecto. Uno de estos funcionarios asegura que esta fue una jugada de Mecafé, en la que Herbert Saca también estaba involucrado.

-A mí Carlos Cáceres me he dicho que Rivera es hombre de Mecafé.

-¿Cuál es la diferencia entre Carlos Ortiz y Manuel Rivera?

-Carlos es un técnico que ya había sido apoyado por toda la junta directiva del banco, donde están representantes de diferentes instituciones. Manuel fue impuesto sorpresivamente por el presidente. Además,  dentro de su currículo tiene el antecedente de haber trabajado en Credisa, banco que entró en quiebra y provocó un escándalo financiero a finales de los 90.

La virtual soledad del 2 de junio

Cuando Mecafé y Herbert Saca comenzaron a brillar más y a lucir como los nuevos amigos del presidente, Funes estaba por cumplir dos años de gobierno. El jueves 2 de junio, Funes dio trámite expedito al decreto 743 aprobado por la derecha parlamentaria, y casi nadie en Casa Presidencial se enteró de la decisión del gobernante, sino hasta el día siguiente, cuando el país supo que el gobernante había sancionado el decreto. Poco después de la sanción al 743, el presidente -cuenta un asesor de Casa Presidencial- tuvo discusiones muy intensas por separado con Gerardo Cáceres y con Álex Segovia, a propósito de la decisión del mandatario.

-¿Qué paso?.

-Álex Segovia casi que amenazó con renunciar. Solo eso te voy a decir.

En el gabinete se habla de antes y después de este decreto que amarró a la Sala de lo Constitucional. El jueves 2 de junio, la Asamblea Legislativa sorprendió a El Salvador con la reforma a la Ley Orgánica Judicial, maniatando a los magistrados de la Sala de lo Constitucional. Sin discusión de por medio, el decreto fue aprobado por Arena, PCN, Gana y PDC, y llegó a las manos de Funes esa misma tarde. Este le dio su firma y nadie -o casi nadie- del equipo de máximo nivel del gabinete parecía enterarse de lo que pasaba. Funes estaba con Mecafé y con el secretario jurídico de la presidencia, Ricardo Marroquín.

Nadie del gabinete, incluidos sus más cercanos colaboradores, sospechaba que Funes iba a sancionar en tiempo récord el decreto. Esa noche, el secretario privado y Gerardo Cáceres intentaron hablar por teléfono con él, intentaron localizarlo por medio del servicio de mensajería instantánea de BlackBerry. Ninguno tuvo éxito. Se fueron a dormir con la incertidumbre de qué pensaba Funes sobre el decreto legislativo.

Las cabezas de las tres Secretarías que funcionan como manos poderosas de la presidencia, la Técnica, la de Asuntos Estratégicos y la de Inclusión Social, es decir, Segovia, Hasbún y Pignato, no fueron consultados en una decisión que a la larga significó una ruptura en el gabinete. Tampoco el secretario privado, Francisco Cáceres.

Al siguiente día, viernes 3 de junio, el ambiente en Casa Presidencial era de confusión y desazón. “A mí me consta que la gente de más alto nivel no supo nada sino hasta la mañana siguiente”, recuerda un funcionario con oficina en la casa de gobierno. “Ni Gerry (Gerardo Cáceres) ni Chico (Cáceres) ni David Rivas (el secretario de Comunicaciones) sabían nada… la gente sentía que había sido un golpe de la oposición que había surgido en su propia casa”, añade.

Este ejecutivo del gabinete dice no haber encontrado a nadie del gabinete que dijera que le parecía bien que Funes hubiera sancionado el 743. El Faro solicitó entrevista con Vanda Pignato para conocer su versión, dado que hay quienes le atribuyen duras críticas a la relación tan cercana que se ha forjado entre Funes y Mecafé. La secretaria de Inclusión Social respondió por escrito que se rehusaba a conceder una entrevista. Precisó que desde su cargo no tiene la injerencia que algunos le atribuyen. “Mis opiniones al señor Presidente sólo son en el ámbito de mi competencia y en los momentos que él tiene a bien solicitármelas”, dijo.

La Secretaría Técnica de la Presidencia no respondió a la petición de entrevista que le hizo este periódico. El secretario de Asuntos Estratégicos, Franzi Hato Hasbún, prometió dar una entrevista después de la publicación de este reportaje. El presidente Funes no ha respondido a reiteradas peticiones de entrevistas.

La siguiente voz es de un funcionario de Casa Presidencial que se dice sorprendido y decepcionado por el presidente, pues también vivió la amarga mañana del 3 de junio, cuando supo de la sanción al 743 y de la forma en que Funes lo hizo.

 -El gabinete amaneció deprimido en todos los niveles, desde los ministros hasta los empleados.

 -¿Por qué nadie renunció?

 -Metió el germen en unas cabezas, pero nadie se atreve, no hay unidad, ni un líder, solo el presidente.

Se niega a dar más detalles porque estos lo delatarían y teme perder el cargo. Comenta que el gabinete está constituido por gente que tiene un compromiso individual, no con el FMLN, ni con Mauricio Funes. Un gabinete de lujo, que refleja el cambio que Funes prometió, pero que no trabaja como equipo.

Desde el 2 de junio, el consejo de ministros completo ha tenido una sola sesión de trabajo. El gabinete funciona cotidianamente a la sombra de las decisiones de dos personas: Hasbún y Segovia.

El presidente es consciente de lo que pasa. Fue consciente del 743. De hecho, a finales de junio, justo cuando lanzó la propuesta de reformas a la ley de procedimientos constitucionales, Funes convocó a gente cercana para intentar remediarlo. Parieron la propuesta que eliminaba el 743, pero que no fue bien recibida en la Asamblea.

El primer día de Funes como presidente, su mensaje de toma de posesión causó entusiasmo a muchos, por la expresión clara de ruptura con el pasado inmediato. “Errar es humano, pero evitar el error es, igualmente, un atributo de todos los hombres y de todas las mujeres. Y evitar el error comienza por no hacer lo que algunos hicieron mal en este país: gobernar para pocos, ser complaciente con la corrupción, temer y ser cómplice del crimen organizado, pactar con el atraso en todas sus formas de expresión”, leyó con vehemencia ese 1 de junio de 2009.

Dos años después, buena parte de su partido y su gabinete le reclaman a escondidas por privilegiar los consejos de amigos como Mecafé y Herbert Saca. Están celosos de lo que consideran una verdad incontrovertible: que los tres se reúnen a discutir asuntos de gobierno en el Cifco. “Se echan los cinta azul”, dice una persona que ha escoltado al presidente hasta el lugar. Cinta azul es la marca más exclusiva de la casa de güisqui Johnnie Walker. Una botella de ese licor cuesta en el mercado casi los 250 dólares.

Son las voces de una decepción que se disparó a partir de la aprobación del 743. Segovia, Hasbún y Pignato saben que esa cercanía con Gana y con uno de los más oscuros personajes de la administración Saca reflejan un cambio, saben que medio gabinete está asustado, pues ellos mismos han escuchado las expresiones de temor de los funcionarios sobre el rumbo del país y sobre quiénes toman las decisiones.

Uno de esos ministros que reclaman a escondidas explica por qué tras tanto descontento aún no hay renuncias. Es un ministro del FMLN que dice que no va a renunciar, pese a que no le gusta la sociedad con Gana ni la cercanía del presidente con Herbert Saca.

-He hablado con mucha gente de este gabinete y parecen los indignados. ¿Por qué no renuncian?

-La gente votó por un cambio. Los ministros creen que ese cambio no se expresa solo en el presidente.

-No entiendo.

-Imagina: ¿Qué pensarías si llega al Ministerio de Salud otra gente?

-¿Puede ser más específico?

-¿Te gustaría ver militantes de Gana y subordinados de Herbert Saca en el Ministerio de Salud? Por eso nadie va a renunciar. Cada uno cree que está haciendo algo desde su trinchera.

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